La enfermedad

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—Doctor, ¿El que tiene?

Su largo suspiro me significo que el traía malas noticias, me miro sinceramente.

—Parálisis Braquial Obstétrica­­—Confeso­— Es una lesión mecánica, que ocurre durante el proceso del parto y que puede afectar a uno o varios nervios que forman parte del plexo braquial. Estos nervios se encargan de controlar los músculos que generan, entre otras cosas, movimiento a los dedos, mano, brazo y hombro del recién nacido.

—Pero tiene seis meses, no entiendo.—Comente – Mi hermana debía saberlo.

—Temo que ya lo sabía, él estaba bien por su rehabilitación, lo que pasa que fue una crisis y esas crisis traen consecuencias no menores.

Suspire frustrada. Siempre tuve problemas de todo tipo pero esto era un grave golpe a mi vida y para el pequeño igual, me inquiete con solo pensar que le harían a mi niño. Tendría que haber una solución para este problema.

—¿Y qué se puede hacer? Bueno, usted es médico.

—El manejo de la PBO requiere de la intervención de un equipo interdisciplinario: fisiatra, kinesiólogo, terapeuta ocupacional y cirujanos ortopédicos especializados en microcirugía del plexo braquial. El tratamiento precoz y oportuno es la base del programa de rehabilitación. En una primera etapa, el objetivo es educar a la familia, mantener la integridad y funcionamiento del miembro afectado, evitar complicaciones en la articulación y contribuir a potenciar el desarrollo psicomotor global del niño o niña, lo que tu hermana sabia y lo que tú no. Pero en el caso que el niño/a no presente recuperación espontánea en la movilidad de la extremidad, puede ser sometido a alternativas de tratamiento quirúrgico—Explico lo más detallado posible.

—¿Cirugías?—Se levantó Jaime de golpe mirando al doctor – Es muy pequeño, es casi imposible operarlo.

—Es la única solución que tengo—declaro—El está muy pequeño para que tomara algo porque los medicamentos son fuertes y eso le afectaría en su vida diaria y estamos hablando en toda la vida.

No sabía qué hacer, ni que decir, no sabía nada de los bebes y me pasaba esto ¿Cómo lo hare para cuidarlo toda su vida? Tenía que ser responsable o Doris me lo podía quitar para siempre y no lo volvería a ver nunca más. Sabía que tenía que tomar una decisión, era tiempo de dejar las cosas y madurar como cualquier chica de mi edad.

—¿Qué clase de operaciones son? Quiero saber en qué meten a mi sobrino.

—Son dos – sentencio — Neurocirugía de plexo (cirugía primaria), para reparar los nervios dañados .Cirugías para la transferencia de tendones y músculos, para mejorar en funcionalidad (cirugía secundaria). Estas cirugías deben ir acompañadas de seguimiento de especialistas médicos y de tratamiento intensivo de rehabilitación (kinesiología y terapia ocupacional).

Asistí no muy convencida, no tenía los millones para pagar ahora una operación de tal magnitud. Mire a Jaime para que me diera ayuda y el la entendió.

—Tranquila, por cualquier cosa yo te ayudare—Trato de tranquilizarme—Tanto monetariamente o con solo escuchar.

Lo abrase, necesitaba un abrazo por todo lo que hoy había pasado. Él al principio no me correspondió pero poco a poco tomo mi cintura y me rodio con sus musculosos brazos, podía estar horas abrazada a él. Nos soltamos y mire al doctor que estaba esperando impacientemente mi decisión.

—Está bien, él se operara cueste lo que cueste.

El doctor me miro sonriente y después explicarme de lo que consistía la operación se entró para empezar.

—El estará bien, hiciste bien en elegir.—Pronuncio Jaime

—Lo sé, el estará bien.—me mentí

Estaba nerviosa, no sabía cómo iba a salir de esto además estar con Jaime empeoraba las cosas a tal punto que cada vez tenías ganas de gritarle a alguien y eso nunca ocurría.

—No sabía que te ponía nerviosa—Rio Jaime – Primera vez que escucho eso.

Mierda.Yo y mi problema de decir mis pensamientos en voz alta

—Lo hiciste de nuevo.

—Si sigues no me importara que seas mi jefe y te pegare una patada por arrogante.

—Extrañaba que me dijeras eso

—¿Decir que?—Pregunte atónica

—Arrogante, cerdo, mujeriego –empezó a contar – Lo extrañaba, extrañaba a mi amiga que me controlaba las horas que llegaba o que me regañaba peor que mi mama cuando llegaba tarde al trabajo, eres estupenda Elitt por eso te eligió para ese trabajo.

—Recordé cuando te regañe por mirar a una secretaria y te obligue a despedirla.

—Como no olvidarlo, tuve que darle una explicación por todo y aparte de despedirla.—Rio a carcajadas – ¿Por qué no estamos como antes? Estamos cada vez más separados y ni siquiera hablamos como verdaderos amigos que éramos y que somos.

Alce los hombros, no yo sabía de el porqué, solo cada días notaba que nos estábamos alejando, hablando menos e inclusive ignorándonos en cada reunión que había, junta o cualquier cosa que nos tocaba juntos.

—No sé, puede que sea el tiempo, o los sentimientos—susurre lo último.

—Te quería hablar lo de Stella.

Calle de inmediato, no quería escuchar explicaciones tontas, no quería hacerme ilusiones idiotas, no quería confiar en él.

—No me des las explicaciones, al fin al cabo no somos más que amigos, solo eso.

—Te las daré igual – Confeso serio – Te estaba buscando porque estaba incomodo, te quería ver a ti—me miro a los ojos – Pero alguien me agarro de la espalda y me abrazo, cuando me di cuenta que era Stella borracha, estaba demasiado ebria a tal punto que se quería suicidar.

Lo mire a la cara nuevamente para comprobar si era una mentira pero no, él estaba diciendo la verdad, la verdad pura.

—La ayude al baño para que vomitara tranquila y se lavara la cara pero me insistió ir a tu habitación argumentando que tu tenías baño, pensando que decía la verdad accedía a acompañarla. Cerró la puerta y me tomo de los hombros para después besarme y ahí fue cuando abriste la puerta.

—Y me moleste.

—No querías que te enfadaras, la verdad—sus ojos azules me miraron dejándome embobada— Te quiero mucho para dejarte ir.

No sabía que contestar pero el ruido de las puertas nos interrumpió. Me levante para observar como me llevaban a mi sobrino.

—Mi bebe...

Estaba mucho peor de lo que pensé, mucho peor.

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