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Jungkook




Los días en los que me veo obligado a quedarme en mi oficina son los peores, y hacen que me arrepienta de haber aceptado este trabajo. Cuando mi padre me dijo que no tendría que hacer casi nada, me imagine que podría pasármela en mi casa todo el tiempo aplastando mi culo en el sofá. Pero no, en vez de estar en mi cómodo sofá estoy en una silla que puede no sea del todo desagradable, pero yo le ponía muchos perjuicios y quería decir que era lo más incomodo del mundo.

Escuche unos toques en la puerta de mi oficina, rodé los ojos sabiendo de antemano de quien se trataba.

-Adelante.

La súper secretaria que mi padre me había puesto desde que comencé a trabajar, abrió la puerta y entro modelando para detenerse en mi escritorio. Todos los malditos días traía diferentes tipos de faldas y escotes dejando prácticamente nada a la imaginación, y vaya que la condenada tenía muy buenos atributos. En su frente traía un papel imaginario que decía ¡Que me folle el Señor Jeon! y con sus actos me demostraba verdaderamente que eso era lo que quería. Siempre andaba provocándome, sonriendo de una manera que solamente ella denominaría provocativa.

Claro, de seguro me volvería loco por sus tetas de solo verlas como cualquier hombre, de no ser porque soy gay y las mujeres ya no provocan nada en mí.

-Su padre acaba de llegar y tendrá una junta directiva en veinte minutos. Me informo que si usted gusta podría estar presente.

Juntas... son aburridísimas.

-Está bien Ruth. ¿Algo más?

Y eso de hablar formalmente todo el maldito tiempo me mosqueaba mucho, de seguro si algunos de mis colegas me ven así se carcajearían en mi cara.

-Oh, y un joven está esperando hablar con usted desde hace media hora. Usted me ordeno que no dejara pasar a nadie porque estaría ocupado, y el joven no pareció contento con eso.

-¿De quién se trata?

-Park Jimin.

Me sobresalte del asiento, empezando a ordenar rápidamente todo mi escritorio. Mierda, si viene a verme al trabajo de seguro no debe traer buenos humos.

-Dile que pase.

-Pero Señor Jeon, su padre di-

-Haz lo que yo te mando y no repliques. — la mire con el entrecejo fruncido.

Puso una cara de que mostraba estar arrepentida, pero la verdad me importaba una mierda. Quería verlo ya.

-¿Algo mas señor? — y volvía a hacer ese estiramiento de senos, como si a mí me fuera a gustar y quisiera incitarle a que me la mame mágicamente con solo ver sus tetas.

Incomodo.

-La próxima vez solo avísame por el teléfono. Puedes retirarte.

No replico, y se fue echando humos por donde vino, resonando sus tacones por todo el lugar.

Suspire de alivio una vez solo, y empecé a acomodarme la corbata y camisa con cuidado.

Faltaron segundos para que Jimin entrara por la puerta y la volviera a cerrar con fuerza. Estaba cabreado, eso seguro.

-¿Esa puta de labial rojo es la que tienes por secretaria?

Ni bien había entrado me lo hecho en cara, mirándome con odio y furia mientras se sentaba en la silla que había frente a mi escritorio. En un momento por costumbre baje la mirada hacia sus muslos, y joder, traía unos pantalones ajustados que le marcaban perfectamente los muslos.

Positivo [Kookmin]¡Lee esta historia GRATIS!