#3 No fue buena idea.

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Se miraban de forma analítica, sus miradas eran una lucha intensa para poder hablar. Bueno tal vez no era, tal vez sólo era que se encontraban en la sala de la casa de su pareja mirando la televisión, cuando de repente si miraron y empezaron a comerse con la mirada.
Hasta que Maehara Hiroto miro una foto del que parecía ser él padre de su querido Yuma, Isogai miro confundido a su novio ya que al parecer se la pasaba viendo una foto que era de su padre.

—¿Que tanto miras?—cuestiono el de cabello azabache y ojos marrones.

—La foto que tienes colgada en la pared—confeso él chico de pelo castaño claro ondulado y ojos de color marrón claro.

—Él es mi padre.—le contesto con una mirada un poco triste.

En ese momento comparo a Isogai con su padre, no se parecía en nada, sus bellos ojos eran iguales a los de la madre del chico, su sonrisa era hermosa no como la del señor en la foto. Su cabello negro pulcro era igual al de su progenitora, hasta se atrevería a decir que su madre era fea a lado de su pareja, tenía la hermosura de su progenitora, de hecho era mucho más hermosa que ella. Pero si veía al padre del chico se daba cuenta que no se parecían en nada. Tenía unos ojos marrones como los del chico, pero estos estaban opacos sin vida. Tenía un cabello de color café oscuro que estaba todo hecho un desastre. No se parecían, simplemente no tenían nada en común. Tal vez su actitud, rogaba que fuera eso, pero lo estaba empezando a dudar ya que mientras más cosas intentaba comparar más se daba cuenta que su se parecía a su madre.

—Maehara ¿Qué tanto miras?—preguntó un poco preocupado.

—Cariño si tenemos hijos por favor que no salgan tan horribles como él abuelo—soltó sin darse cuenta.

En ese precisó momento estaba entrando él padre de su pareja, que al escucharlo decir aquello se lea quedó mirando de forma fea, Isogai había notado a su padre y si no le decía algo a Maehara a él terminarían castigando lo.

—¡Idiota!—le dijo mientras le daba un coscorrón.

Él padre del chico sonrió de forma satisfactoria al ver a su hijo corregir a su pareja. Pero lo que nunca pensó que diría su hijo, era lo que haría quedar como piedra.

—¡Hoy no te toca nada de sexo!—amenazó el azabache—. Por idiota te quedas en abstinencia.

Lo único que se escucho aquella tarde fue el grito sordo de Isogai ante el desmayo de su padre, al cual casi se le sale el alma por la boca al escuchar decir aquello a su lindo e inocente hijo, que en estos momentos trataba de revivir lo.

10 Cosas que no debes decirle a tus suegros.¡Lee esta historia GRATIS!