Capítulo 6

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Celos problemáticos

Tras esa accidentada plática, ni Elliot ni Madison volvieron a dirigirse la palabra, más que para lo estrictamente necesario.

Los chicos suponían que algo había pasado entre ellos, pero como no tenían pruebas y el muchacho tendía a ser algo selectivo en su trato con los demás, no le pusieron demasiada importancia al tema.

Si a Madison no le afectaba, a ellos tampoco; y aunque Fabián visitaba a la chica con la invitaba a su casa, su hermano no decía nada y se limitaba a ignorarla.

Por otra parte, tanto Anna como la pelinegra seguían pensando que, a pesar de que la capital era un sitio un tanto acelerado, gracias a que en el vivían muchas personas, el miedo había disminuido de forma considerable.

Madison había mantenido su palabra con su "madre", y había evitado a toda costa acercarse a las personas, más que para lo estrictamente necesario. Por supuesto que no se podía decir lo mismo de los demás chicos; se sentían atraídos por el aura de misterio que las envolvía a ambas. Cuando Madison comenzó a ir a la escuela, las chicas y algunos de los muchachos, se sentaban cerca de ella y le preguntaban cosas sobre su antigua vida. Esta intentaba ser lo más hermética posible, aunque varios de ellos ya estaban ganándose su confianza, como Fabián, Robin y Steve; que eran los que más se juntaban con ella, al igual que Jenn.

— Madison, despierta ya. Tienes que ir a la escuela.

Anna movían con fuerza a una Madison cansada. Parecía no tener intenciones de ir a ninguna parte; después de un tiempo, dio por causa perdida su intento de despertarla y bajo a desayunar.

La morocha estaba exhausta. Había estado haciendo tarea hasta muy tarde, aun así, cuando escuchó el sonido de la puerta al cerrarse, se levantó y comenzó a cambiarse. Al terminar, tomó su mochila de la silla del cuarto y salió de la habitación.

En la cocina, Anna ya la estaba esperando con un plato lleno de cereal azucarado y arándanos. El favorito de Madison.

—¿Terminaste la tarea de filosofía?

Madison asintió con pereza y se sirvió un poco de jugo.

—¿En serio? ¿Terminaste toda la tarea?

—Sí, ¿Por qué?

—Bueno. Ayer dijiste que era mucha, y que no estabas dispuesta a hacerla.

La joven lanzó un fuerte resoplido y dijo, pasándose una mano por la cara.

—No podía dejarla así. Nuestro disfraz debe ser perfecto, y parte de él es mi papel como estudiante.

—Vaya. Pocas veces te he escuchado hablar así.

—Lo sé, pero ya falta menos para irnos y no podemos cometer errores.

Anna asintió y pasó una mano por la cabeza de la morocha. Le sonrió con ganas, pero al ver de cerca las bolsas que se le habían formado en los ojos, se levantó de su asiento y dijo.

—¿Por qué no te cubrimos esas ojeras? En verdad lo necesitas... Además, ya va siendo hora de que veas lo que se siente usar algo de maquillaje. Por lo menos ahora que puedes.

Madison arrugó la boca elevó las cejas. Seguía meditándolo cuando Anna sacó un estuche de maquillaje del bolso que había dejado en la cocina el día anterior, y dijo.

—Como no te has quejado, supongo que es un "está bien".

Sin darle tiempo que replicara, extrajo una brocha, rímel, una paleta de sombras y se puso a trabajar en Madison. Esta siempre le rehuía al maquillaje, pero en esos momentos se encontraba demasiado fatigada como para decir algo.

Cuando Anna terminó, puso un pequeño espejo frente a ella y silbó:

—Te ves mucho mejor, aunque me hubiera gustado arreglarte un poco más... Tal vez un cambio de nariz o una operación de labios te caerían bien.

Madison miro con enojo fingido a Anna, pero no dijo nada.

Después de unos momentos, siguió desayunando. Al terminar, tomó su mochila del respaldo de la silla y se despidió de Anna con un rápido abrazo.


La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!