NEW: Introducing Tap. Addictive chat stories for your 📲 Now in 10 languages
DOWNLOAD NOW!

Capítulo 4: Disparo

22 5 0


Ese día, todos la miraron asombrados. Muchos estaban seguros de que tendría la pierna enyesada o al menos inmovilizada, pero Paz parecía estar mejor que nunca; incluso durante la clase de deportes, que era una de sus peores materias, sacó una calificación sobresaliente.

Durante las clases estaba más despierta que cualquiera de sus compañeros, con la cabeza despejada, concentrada, y de razonamiento rápido. Un examen sorpresa no fue complicado para ella en ningún sentido.

Al momento del primer receso, Paz salió casi a la carrera. Había visto a Mei Ling con una mirada asesina y no precisamente de esas que usaba para los chicos con los que coqueteaba.

El clima estaba bastante fresco, con una brisa fría que le acariciaba la piel haciéndola sonreír para sus adentros, además de que varias nubes bloqueaban el sol, dándole a todo a su alrededor una atmósfera distinta.

Igual que siempre, luego del pacto con Aaranat, sentía un ardor en todo el cuerpo, como si pequeñas flamas quisieran salir de aquí y allí. Era molesto y en algunas ocasiones le cambiaba el humor, pero sabía mantener el control en esas circunstancias; era solo cuestión de práctica.

Derick estaría desocupado toda la tarde gracias a su envidiable organización, o al menos lo era para Paz, y sabía que pasarían el día entero juntos. Solo pensarlo la hacía querer saltar por donde pasaba, se sentía mejor aun sabiendo que no la vería con ese cochino yeso que le habían puesto el día anterior.

Esa vez, y para su extrañeza, todo avanzó normalmente sin ningún problema desde la mañana. Nadie le tiró bolas de papel, nadie le metió el pie ni le gritó un insulto desde el otro lado del salón.

Estaba siendo algo bastante inusual, preocupándola por momentos, pero era el típico miedo a situaciones inusuales, lo sabía de sobra, así que sencillamente apagó esa parte insegura de su mente y dejó que todo siguiera como iba; un cambio nunca iba mal, después de todo. Las clases fueron pasando una atrás de la otra de esa manera, dejándole a Paz un sabor dulce en la boca. Ojalá siempre fuera así, pensó ella.

Al final de la última clase, Paz se tomó su tiempo para terminar de anotar las normas que llevaría para el trabajo de Castellano que habían puesto; se había distraído pensando en musarañas, pero no dejó que eso le cambiara el humor, simplemente respiró, se olvidó de los demás, de la salida, y aceleró la mano.

Apuró las últimas líneas sabiendo que le costaría leerlas, pero tenía que llegar a su casa; ya las tripas le estaban comenzando a exigir el almuerzo. Se levantó de donde estaba, y antes de salir del salón se consiguió con su profesor favorito, como él mismo se decía.

—Valdez, ¿qué haces aquí aún? —Tenía una camisa celeste a cuadros, manga corta, los lentes de pasta gruesa, intentando verse juvenil (y muy mal resultado) y pantalones, zapatos y maletín negros.

—Me quedé escribiendo lo de Castellano, ya me iba. —¿Acaso ese hombre no tenía nada que hacer?

—Venga un momento, sus notas me preocupan, será rápido —dijo al ver la cara preocupada de Paz.

Se sentó en el escritorio con toda la calma del mundo, como quien tiene bastante tiempo disponible, y sacó la planilla de evaluación mientras que la pelirroja se le quedaba cerca, a varios centímetros de distancia, suficientes para poder ver sus notas.

Ni bien le dio una mirada rápida cuando la sacó, Paz se dio cuenta de que, tal y cómo decía el profesor Marcelo, había varias que estaban bastante bajas y algunos exámenes donde estaba reprobada.

A ese paso, terminaría viendo clases de matemática en verano, algo que no iba a permitir.

—Hay tiempo para recuperar las notas —dijo el profesor en un tono extraño—, pero debes estar abierta a varias pruebas un tanto... inusuales.

Perfecta MaldiciónRead this story for FREE!