Capítulo 1: Un sueño realizado.

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Septiembre de 2012.

Por fin se había hecho con el barco. Un hermoso velero de dos palos, de madera, de esos que ya no se hacen en plena época del kevlar y de la fibra de vidrio. Le había costado los ahorros de toda su vida, pero por fin tenía el barco de sus sueños, una pequeña goleta de dieciséis metros de eslora con la que pensaba dar la vuelta al mundo.

No sería el primero darla, ni la daría en menos tiempo que otros, ni sería famoso por hacerlo en solitario, pues Slocum* ya lo había hecho antes que él y sin estar en tan buena forma física como él, Michel de Labordière.

Durante más de veinte años había vendido seguros por toda Francia: seguros de automóvil, seguros de hogar, pero sobre todo seguros de vida. Ese había sido su fuerte, su especialidad. Con su simpatía personal había seducido por igual a hombres y a mujeres: "Si te pasa algo, ¿en qué situación se quedarán los tuyos? ¿Te podrían siquiera enterrar? Por una pequeña cantidad mensual podrás vivir tranquilo: nosotros nos encargaremos de todo". Y así poco a poco, fue reuniendo un capitalito, de modo que a los cuarenta años ya podía venderlo todo, dejarlo todo y marcharse a ver el mundo a bordo de su casa flotante, la majestuosa Trompeter.

Había tenido que ir a Harwich, Essex, Inglaterra, a por ella. La había visto anunciada en una revista especializada, The Sea Wolf, y le impactó su foto.

La Trompeter.

El vendedor, Duncan Burns, era un escocés afincado en Essex: "He tenido el barco más de veinte años, y si me desprendo de él, con gran pena, es porque a mis setenta años ya no me siento capaz de gobernarlo solo. Con él he conocido todos los mares del mundo, pero ya estoy muy mayor y el mar me da ya más trabajo que alegrías. Ya sólo me apetece estar en mi casa con mi mujer, esperando el momento en que Dios me lleve consigo". Embustero. Él sabía que el barco había pertenecido a su padre, que había muerto hacía unos meses, y que la familia quería desprenderse del barco para repartirse el dinero. El viejo no había podido navegar en serio en los últimos veinte años por falta de salud, pero había conservado la goleta limpia y en perfectas condiciones, pues conservarla se había convertido en su hobby. Pero se notaba que su hijo era indiferente al mar y el barco era sólo dinero para él. Quizá con su parte pudiese terminar de pagar la hipoteca de la casa donde vivía con su esposa. Pero eso al francés no le importaba en absoluto. Lo importante para él era que el barco se había fabricado en Holanda setenta años antes, con madera de muy buena calidad, seguramente cedro o pino, y había estado siempre muy cuidado por su dueño y navegante, Duncan Burns, sí, pero el padre. No este que quería presumir con méritos ajenos. El precio no admitió mucho regateo, pues era una oferta bastante buena y estaba publicada sin las letras O.N.O. (or nearest offer, es decir, u oferta más cercana), pero aún así el barco le parecía el mejor y el más velero del mundo. Poco se imaginaba Michel que eso iba a ser realidad algún día, la más estricta y triste realidad.

Le puso las libras que había pedido sobre la mesa, una encima de la otra, delante de testigos y del notario que habían convocado a esos efectos, y una vez firmados los documentos pertinentes y recibidas las llaves, la Trompeter ya era suya. Salió de la casa con todos los documentos del barco, entre ellos el seguro de accidentes a todo riesgo, y el antiguo dueño le acompañó al barco. Una vez le hubo explicado las peculiaridades del navío, Michel se hizo a la mar a motor, como había pensado, siguiendo la ruta de los ferries hasta Ostende y de allí fue costeando hasta Burdeos, donde había vivido hasta entonces. En realidad su pueblo era Verdon sur Mer, a cien kilómetros al noroeste de dicha ciudad. En el puerto deportivo de su pueblo sacó el barco del agua y le hizo pintar la parte sumergida con varias capas de patente, y el resto del barco con pintura impermeabiliza­dora, pues el viaje que se proponía hacer era largo y duro. En los quince días que siguieron se preparó técnica y psicológicamente para la gran aventura que iba a emprender, la mayor de toda su vida. No le gustaban mucho las armas de fuego pero consiguió en el mercado negro un rifle de repetición algo antiguo, pero seguro, y dos mil balas, pues no descartaba que por los sitios por donde iba a pasar hubiese piratas. Se leyó en la biblioteca del pueblo todos los libros que pudo encontrar sobre singladuras en solitario y adquirió en una librería de segunda mano una Enciclopedia del mar de 90 tomos. Eso le suponía sacrificar espacio en el barco, lo cual podría parecer estúpido, porque tenía una versión mucho más actualizada en su ordenador portátil y en su kindle, pero no estaba seguro de contar con fluido eléctrico en todo momento, y la batería del kindle no sabía qué rendimiento le iba a dar en alta mar. También adquirió una selección de obras maestras de la literatura universal en ciento veinte tomos, pues se anticipaba muchos momentos de descanso en calas perdidas, o en radas vírgenes de islas remotas. Compró un equipo completo de acampada que incluía una tienda de campaña para cuatro personas, porque sería agradable descansar en tierra firme alguna vez, siempre dentro del alcance visual de su bajel.

Cuando su barco estuvo perfectamente pertrechado y avituallado, por fin salió del puerto. Había visitado un periódico local el día anterior para manifestar su intención de dar la vuelta al mundo a vela en solitario, pero eso ya no era noticia en la segunda década del siglo 21. En lugar de quince días, había permanecido más de un mes en Verdon, por lo que era ya el veinte de noviembre cuando por fin se hizo a la mar. No lamentó el retraso, pues así iba más seguro. Llevaba toda su vida consigo. Cuando trabajaba de agente de seguros llevaba toda su vida en su coche, e incluso, en un sentido muy estricto, en su maletín, ya que el trabajo era su vida. Ahora llevaba una vida más completa en su barco, que estaba en el mar, donde siempre había estado su corazón. Y el de su padre.

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* Joshua Slocum fue el primero que dio la vuelta al mundo en solitario en un barco de vela, el Spray, de 1895 a 1898.
** Si quieres enterarte del resto de la historia, te la puedes bajar a tu kindle desde la web de Amazon: http://www.amazon.es/dp/B00AM2JHBO o en papel desde la Editorial El Fantasma de los Sueños: http://lalecturaderamon.com/tienda/viaje-final

Viaje final.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora