Capítulo 5 (II)

103 12 8



La clase terminó sin otro incidente, y a antes de que el profesor dijera algo más, Madison ya se encontraba saliendo del salón con rumbo a su última hora de lecciones.

Al llegar, sacó del bolsillo de su sudadera el pequeño reproductor que le había facilitado Anna hacia un par de días. Se encontraba desenredando el cable, cuando un ligero toque en su hombro hizo que saltaras sobre su asiento.

—Lo siento. No quería asustarte —. Se trataba de una de las chicas que había visitado su casa. — Solo quería preguntarte, ¿En donde viste la información que le diste al profesor? Es que estoy teniendo dificultades con esa materia, y necesito mucha ayuda para... Oye, ¿Te encuentras bien?

—S-sí, ¿Por qué?

—No, es que. Por un momento, me dio la impresión de que ibas a salir corriendo.

Madison negó con violencia. Lo que menos quería era dar esa impresión de chica asustadiza, sobre todo porque alguien podría comentar algo con Anna; y no quería que la mujer retrasara su "viaje". No cuando ambas sentían aquella extraña presencia tan cerca de la ciudad.

Tomó aire con fuerza y dedicándole una media sonrisa, la pelinegra tranquilizó a su interlocutora y comenzó a hablar.

—No. Lo que pasa es que me asustaste, pero claro que no iba a salir corriendo. Ni que estuviera loca.

La castaña dejo salir una carcajada y asintió.

—Lo siento Soy una exagerada de lo peor.

Con una última carcajada, la conversación comenzó a fluir entre las dos.

Cuando comenzó a sonar el timbre que anunciaba el final de las clases, la joven no tardó en tomar sus cosas y lanzarlas a la mochila con un poco más de fuerza de la necesaria, saliendo del aula lo más pronto que podía.

Cuando comenzó a sonar el timbre que anunciaba el final de las clases, la joven no tardó en tomar sus cosas y lanzarlas a la mochila con un poco más de fuerza de la necesaria, saliendo del aula lo más pronto que podía

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Madison se pasó una mano por la cabeza, frotándosela con bríos. Las preguntas de aquella chica la habían tomado desprevenida, y no pudo evitar que la voz le saliera rasposa y algo temblorosa; solo esperaba que la castaña no se hubiera dado cuenta.

—Hola, ¿Te está yendo bien en tú primer día?

Aquella pregunta hizo que la morocha soltara un respingo, aunque esta vez evito voltear rápido.

Era uno de los chicos que había ido a su casa. El muchacho le dedicó una sonrisa amplia y la miró con tal naturalidad que, la desarmo por unos segundos.

—Veo que te encuentras bien, pero quise pasar a preguntar.

La pelinegra asintió y, tras un par de veloces parpadeos, respondió.

—Estoy bien. Gracias.

—Perfecto... Oye, ¿No te gustaría...?

Antes de que pudiera terminar la pregunta, Madison ya había recogido sus cosas del locker.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!