1: Mujeres

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 —Chicos —llamó su atención Seohyun, la madre de Hoseok—, traed lo que quede del camión, que Dongryul me está ayudando a colocar los libros.

Se oyó a Jimin gritar un espantoso "¡QUE SÍIIII!", y a continuación se oyó la hostia que Hoseok le metió.

—A mi madre no le contestes así, desgraciado.

—Se te olvida que ahora también va a ser mi madre. —sonrió Jimin lascivamente, acariciándose la cabeza.

Hoseok estriñó la cara.

—Qué asco me das. —le respondió.

—No seré el único que lo da, boca-chancla. 

El menor consiguió esquivar una segunda hostia con un movimiento muy rápido y sutil. Hoseok apretó los puños, realmente cabreado.

Odiaba a Jimin. Con toda su alma.

Terminaron de descargar las últimas cajas del camión y las dejaron en el salón, agotados. Jimin se moría de ganas de dormir, aunque eran las doce de la mañana, así que subió las escaleras y se fue a su habitación. Hoseok tenía otros planes en mente.

—Bebé —dijo su madre cariñosamente al verle—. ¿Vienes a ayudarnos?

Hoseok sonrió y asintió como un perrito.

—Eres tan detallista... —dijo Dongryul, dándole unas palmaditas en la espalda — ¿Podrías preparar algo para ir comiendo? Creo que todos nos morimos de hambre.

Hoseok tomó nota y fue directo a la cocina. Cocinar no era su mayor hobby, pero sí le entretenía bastante. Sobre todo cocinar para otra gente. Mientras preparaba unos bocatas, echaba un vistazo a todo el salón. Le encantaba que la cocina y el salón estuvieran unidos, pues así daba una mayor sensación de profundidad a la casa. Parecía que todos estaban unidos. A Hoseok no le hubiera importado vivir junto a su madre y su nuevo padre en aquella nueva casa, aunque le doliera tener que dejar el instituto y a sus amigos; pero el problema, el único problema, era Jimin.

Jimin era un año menor que él, y ya se creía tres veces superior. Un niño hiperactivo, dogmático y un tanto repelente. Todo lo que él decía tenía que ser cierto por cojones. No había más verdad que la suya. No escuchaba a los demás, a veces ni tan siquiera se acordaba de ellos... Era todo lo que Hoseok podía odiar en el mundo.

Pero, por muy polos opuestos que fueran, había una cosa que tenían en común. Algo que compartían y de lo que nunca supieron hasta pasados unos meses viviendo juntos.

A ninguno de los dos le interesaban las mujeres.

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