Magnus sintió la irritación en su interior. No por su amante, sino por el mundo, maldiciendo la clave, los cazadores de sombras, y sus estúpidas normas. -Todo aquello era innecesario, sí, pero se sentía mucho mejor maldiciendo en silencio hasta desahogarse.- Era horrible ver como Alec se asfixiaba a sí mismo hasta el punto en el que no sabía cómo seguir respirando, a pesar de que la mayoría de sus cadenas habían desaparecido y por ello ahora podían estar juntos... Los nefilims solían creer que eran mucho mejor que todos los demás, y -Magnus pensó- si eso fuera así, al menos debería ser capaces de que sus propios hijos se sintieran bien con ellos mismos, con lo que son, con sus condiciones y defectos humanos; como todo el mundo.

De repente Magnus estaba en lo alto de él sobre sus manos y rodillas. La presencia inesperada de su novio tan cerca de él, cubriendo su cuerpo con su olor y calor, elevó la piel sensible de Alec, haciéndole estremecer. Magnus parecía enfadado y sintió que, sin embargo, la ira no iba dirigida a él. Alec observó la preocupación reflejada en las facciones del brujo y simplemente se miraron el uno al otro durante un largo momento hasta que Magnus dejó escapar un profundo suspiro, bajando la cabeza para presionar sus labios -oh, esos labios cubiertos de brillo de fresa- sobre la mejilla de Alec, luego sobre su oreja y finalmente su barbilla. Sólo una ducha de besos por todo su rostro, y Alec decidió que aquel tipo de lluvia le gustaba mucho.

Cuando Alec suspiró de placer y volvió la cabeza para ofrecer sus labios a Magnus, el brujo sintió que se le encogía el estómago. Tener a Alec exponiéndose ante él de esta manera, sus cortados pero tan bonitos labios pidiendo ser besados, su cuello desnudo lleno de runas invisibles -al igual que besos- y su cuerpo fuerte y flexible debajo de él le dio a Magnus muchas ideas de lo que podía hacer con él en el curso de la noche.

Finalmente besó a Alec, simplemente presionando sus bocas en un principio antes de que Alec, impaciente, abriera la boca para invitarlo dentro. Una invitación que Magnus no pudo rechazar.

-Ni siquiera empiezas a entender lo deslumbrante que eres, lo mucho que me haces sentir con sólo un beso de tus encantadores labios, - dijo Magnus mientras acompañaba sus palabras con besos febriles a dichos encantadores labios.

-Eres tan hermoso, mi amor-, susurró con esa voz que sólo era para los oídos de Alec.

Pero Alec se puso rígido, rechazando físicamente la descripción que el brujo acababa de hacer sobre él. Todas sus dudas empezaron a llegar, amenazando con ahogarlo, y torpemente comenzó a mover la cabeza, ocultando su rostro con las manos.

-No lo soy. Soy aburrido, trivial, no soy interesante, soy... Soy defectuoso - El simple hecho de tener los ojos azules no me hace hermoso - Escupió la última palabra, amortiguado ligeramente por sus manos cubriendo su cara.

-Se que no soy desagradable a la vista- comenzó -Izzy y yo nos parecemos casi como gemelos, después de todo, pero aún así Izzy sigue siendo la más atractiva... - Ella no lleva suéteres viejos y descoloridos, no se oculta detrás de su pelo... No tiene mal humor y sólo- Se mordió los labios en señal de frustración, porque podía sentir la lucha interior de sus palabras queriendo salir de su boca, casi adormeciendo su lengua- Soy malo con la gente, soy malo siendo cazador, malo con las palabras. Y siempre digo demasiado rápido todo lo que pasa por mi cabeza hasta llegar a avergonzarme a mí mismo y dejarme en ridículo cuando no entiendo el sarcasmo en un comentario. -

-Y- y no es sólo eso. La música y la poesía pueden ser hermosas. Quiero decir... Lo que quiero decir es que hermoso, bello no es solo por la apariencia. - Jadeando por toda la emoción que corría por sus venas, Alec miró a través de sus manos, aún cruzados sobre su rostro a Magnus, aunque ahora notablemente más debilitados.

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