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Pen Your Pride

Capítulo 38 | Nos volveremos a encontrar

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¿Cuántas veces sentimos oprimido el pecho como si no pudiéramos respirar?

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¿Cuántas veces sentimos oprimido el pecho como si no pudiéramos respirar?

¿Cuántas veces nos sentimos tan agotados y abrumados que basta con vernos en el espejo para saber todo el cansancio que hace días venimos reflejando?

¿Hace cuánto tiempo mi trabajo, las reuniones sociales o cosas comunes dejaron de agobiarme, de estresarme, de preocuparme?

No, ya nada es tan simple como un mal día.

—¿Qué esperamos para caerle? —pregunta Mike apretando sus puños, ahogando sus ganas de llorar y caminando de un lado a otro— ¿qué se nos escape Aarón?, ¿qué huya? o, ¿debemos tenerle consideración por ser el padre de tus mejores amigos?

—Cálmate —le pido pensando que si la policía actúa no quiera decirnos dónde están ellas y jamás podamos encontrarlas con bien—. Debemos proceder con cautela, la vida de ellas está en riesgo.

—Han pasado tres meses —me recuerda golpeando mi escritorio con sus puños— tres malditos meses y sigo sin ver a mi hermana y mi mamá se está muriendo, ¿lo entiendes? —pregunta despeinando su cabello mientras mi hermana lo abraza para tranquilizarlo.

Jack me ve intentando calmar mi ansiedad, sé muy bien cuánto tiempo ha pasado... He contado las horas, los días y los meses desde que se las llevaron. Minuto a minuto he pensado cómo debe sentirse, si está asustada, si ha comido bien y si le han hecho algún daño físico a parte del daño psicológico que les están causando. Al principio pensé que se trataba de un plan por parte de Katherine con la intención de huir y no encarar sus acciones, pero a los días me di cuenta que el secuestro iba dirigido para ella y no para Madel, quien estaba en el lugar no indicado y a la hora que no debía cuando fueron atacadas por esos hombres.

—Debemos mantener la calma... ¡Carajo! Debemos mantener la calma —pide mi hermana poniéndose a llorar en los brazos de Mike.

Me gustaría pedirles que se vayan, exigirles que me dejen estar solo y me dejen llorar a mis anchas, que me dejen deprimirme por no haberla protegido como se lo prometí cuando nos casamos, por fallarle y no estar a su lado en estos momentos, pero yo no podría correrlos. Estamos compartiendo la misma preocupación y buscan, de alguna forma, darme el apoyo necesario para no caer y no sucumbir a la desesperación.

El ambiente entre nosotros ya es inmanejable y es que estamos asustados de que un día el oficial a cargo del caso nos llame y nos dé malas noticias, pero aún tengo la esperanza de volver a escuchar su voz, de poder perderme en su mirada y llegar a expresarle, una vez más, el mundo de emociones que despierta en mí con tan solo un beso o una caricia.

—Deberías tomar un descanso —me sugiere Jack detrás de sus ojos inflamados, suministrados de sangre por el llanto que parece lo ha visitado últimamente—. Solo creo que deberías alimentarte y descansar, te ves muy débil.

Una Boda Falsa¡Lee esta historia GRATIS!