Alicia se encuentra impaciente, su casa está infestada por todos sus compañeros de trabajo, la masa de gente invade cada rincón existente. A la castaña no le importa la cantidad de personas o lo que estén haciendo, está concentrada en una sola cosa, encontrar a Ethan. El causante de todo el alboroto, el gran genio de la idea; armar una alocada fiesta sin permiso de la cumpleañera. El pobre pelinegro sufriría las consecuencias en cuanto Alicia lo encontrase.

Le llevo casi una hora encontrar al susodicho. Y vaya que ese tiempo era un record, era difícil encontrarlo, ya que Ethan es el alma de todas las fiestas. Está disfrutando el evento, tanto que parece el festejado. Gracias al cielo nunca se alcoholiza, siempre utiliza los eventos como escenarios para ligar y bailar con todas las chicas que se cruzan en su camino. Así que Alicia no se sorprende cuando lo mira con una chica, solo coloca los ojos en blanco y se acerca.

— ¿Te gusta? Quiero un si por respuesta, me tarde años planeando todo. —El pelinegro se muestra divertido, sus azulados ojos esperan ansiosos, en verdad quiere escuchar un sí. Lo único que desea es que su mejor amiga la pase bien.

—Me siento orgullosa, al parecer tu invitación llego a todo el mundo, felicidades. —Alicia observa la celebración, tiene razón, solo conoce a unos cuantos. Ethan imita la acción de su mejor amiga. ¿Qué tiene de malo? Conoce a la mayoría.

Su respuesta es encogerse de hombros, no quiere decirle a Alicia que los invitados son más amigos de él que suyos. Pero la castaña no es ajena a eso, sabe que Ethan es conocido en el trabajo más que ella, lo cual no le molesta. Nadie puede pasar por alto un buen cuerpo cubierto de músculos, facciones casi perfectas, tez pálida, cabello negro y llamativos ojos azules.

Alicia intenta decir algo más, se percata de la poca atención que Ethan le está dando, el pelinegro observa la entrada principal, la curiosidad de la castaña provoca que esta mire el mismo punto que observa su mejor amigo.

Cerca de la puerta se encuentra un hombre. El recién llegado es delgado y musculoso, cuenta con una estatura grande y cabello rubio que llega por encima de los hombros. Viste completamente de negro, desde las botas hasta el gorro mal puesto.

—¿Quién es? —La castaña no recibe respuesta, su mejor amigo le pasa de largo y camina hasta el nuevo invitado. Alicia decide no darle importancia al asunto, tal vez es un viejo amigo de Ethan.

Por su parte, los pensamientos del nombrado se vuelven salvajes, sabe que las cosas podrían ir mal. Charles solo se presenta cuando hay malas noticias. El pelinegro llega al encuentro con el rubio, se saludan con asentimientos de cabeza.

—Es su cumpleaños. —Charles recalca lo obvio. Mira por encima del hombro izquierdo del pelinegro, Ethan se percata de que el rubio observa a Alicia.

—El día está por terminar, es otro año sin percances. —Con descaro y sin importarle lo poco educado que es, Ethan le quita el vaso a un chico que pasa justo a su lado, bebe la cerveza rápidamente y hace una mueca.

— ¿Quién te lo asegura? —El pelinegro se mantiene tranquilo, no quiere iniciar otra pelea innecesaria con Charles, ya bastante tienen que soportar con los arrebatos que tiene el hermano mayor de Ethan. —Él puede estar aquí en cualquier momento, y si las cosas salen mal, no creo que tu hermano te escuche, solo se iría contra tu cabeza sin preguntar.

Ethan no responde, se cruza de brazos y espera que el rubio siga hablando, al parecer no tiene nada que agregar por que se da la media vuelta, dispuesto a irse. Charles aun no entendía por que el hermano mayor de Ethan se empeñaba en buscarlo, el pelinegro nunca cedía, se mantenía poco amable cuando se sacaba el tema de su hermano y la mala relación que mantienen, como si se odiasen. El pelinegro sentía innecesarias las explicaciones, su hermano y el conocían lo que sucedía entre ambos, nadie más podía estar incluido en el asunto.

Silencio, Ella Es Mía | Primer Libro |¡Lee esta historia GRATIS!