1.Amarte más que a Dios (Gay/Yaoi)

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Conducía, mis maletas estaban en el coche y por el retrovisor veía que aquel monasterio que había sido mi vida los últimos cinco años se alejaba de mi vida.

Sí, había sido monje durante cinco años. No fue por vocación, sino por obligación. Cuando era adolescente descubrí mi homosexualidad enamorándome de mi mejor amigo. Lo ocultaba, no quería que nadie lo supiera pero como dicen las madres lo saben todo así que me preguntó y yo me desahogué contándole cada una de mis penarías homosexuales. Me pidió que no se lo contara a mi padre y yo no lo hice, nunca lo hice.

Al final, mis sentimientos no fueron en vano, un día llamaron a la puerta y cuál era mi sorpresa que era el chico del que estaba enamorado. Recuerdo como la lluvia había empapado su rostro, su pelo y toda su ropa. Como el agua se resbala por su cuerpo y finalmente creaba un charco a sus pies, ese charco estaba igual que yo, a sus pies. Como agarraba la puerta incrédulo como si esta me protegiera y me diera su apoyo.

-Miguel, no sé que me está pasando pero llevo unos días que pienso en ti de otra manera, no como amigo sino como otra cosa totalmente diferente-dijo extendiendo sus brazos, recuerdo como clavaba sus ojos verdes en los míos mientras que mi corazón quería salir de mi pecho-creo que te quiero

-¿llevas unos días así? Porque yo llevo bastante tiempo-dije con media sonrisa, soltando la puerta y mostrando lo "bien" que me quedaba aquel pijama. Él, sin pensárselo dos veces, me besó agarrándome de la cintura y yo puse las manos en su cuello dejándome llevar por lo que tanto tiempo llevaba deseando. Él era muy lanzado y no tenía vergüenza, era algo que adoraba de él.

Desgraciadamente, mi padre en ese momento bajó las escaleras y se encontró con la escena. Recuerdo cada uno de los gritos de mi padre, soltarle y empujarle hacia la salida para que no lo metiera en la pelea y él golpeando la puerta para ayudarme. Recuerdo el dolor de cada uno de los latigazos que me dio con su cinturón mientras que la palabra "marica" y la frase "eres una vergüenza para esta familia" se repetían. Las palabras me dolían más que los latigazos así que para que no volviera a ver a mi primer amor me mandaron a ese convento donde no podría tener ni relaciones sexuales ni disfrutar sexualmente conmigo mismo. Por lo menos allí no recibía los latigazos de mi padre.

Semanas después de eso me contaron que el chico al que amaba tanto había vuelto con su ex-novia para protegerme, pero ya era tarde. Le agradecí a Dios que estuviera con otra persona pero a la vez maldecía que yo no pudiera ser aquella persona. Aunque bueno, la última vez que lo vi fue la única noche donde nos besamos.

Bueno, os preguntaréis porqué os estoy contando esto, bien, era necesario que supieras lo de mi homosexualidad y el porqué estaba allí: tiene que ver mucho con lo que os voy a contar.

El horario de nuestro monasterio es el siguiente:
06.30 · Levantarse
07.00 · Rezo de Maitines comunitario en la Capilla
07.30 · Oración personal en la celda
08.30 · Laudes y Misa, cantados en la Capilla (los domingos y festivos la misa es a las 1
09.15 · Desayuno
10.00 · Trabajo
13.45 · Rezo de Sexta, en la Capilla
14.00 · Comida
14.30 · Recreación, tiempo de conversación fraterna
15.00 · Descanso
16.00 · Rezo de Nona, en la Capilla
16.30 · Trabajo
19.30 · Rezo cantado de Vísperas
20.00 · Lectura espiritual, en la celda
21.00 · Cena
21.30 · Recreación, tiempo de conversación fraterna
22.00 · Rezo de Completas

Era una tortura, el primer año ya me aborrecía rezar y bueno, lo estuve aguantando los cuatro años siguientes. Pensé en salirme varias veces pero mi padre no me dejaba, saldría cuando mi "enfermedad" estuviera curada. Además, al final había algo que me retenía.

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