-Capítulo 12: "Mejor amigo"-

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   El timbre que indicaba el final del recreo retumbó en las paredes de la escuela aquel jueves de la segunda semana de clases.

   Un alto castaño de ojos verdes salía, curiosa y sospechosamente, del curso en el que la profesora Domenachis estaba instalada. Aún la clase no había iniciado y, de todas formas, el joven había charlado con ella desde el inicio del período de descanso.

   ¿Qué era aquello tan importante que Felipe Lacour debía decirle a la docente, y que ameritaba una charla privada?

   Pues Lara no era la única que se lo preguntaba.

   La campana sonó por segunda vez: era la que indicaba del ingreso al aula.

   Los alumnos se amontonaron frente a la puerta, dispuestos a no obtener una tardanza en la clase de Ciudadanía.

   Fran se ubicó en su habitual lugar en el fondo del salón, junto a Guido. Frente a ellos, Alma y Julia las cuales, a su vez, estaban detrás de Lar y Feli.

   El último mencionado poseía una misteriosa sonrisa.

   Los demás podían no saber lo que estaba pasando, empero el encantador chico estaba que saltaba por las paredes: la fase tres de su plan estaba a punto de completarse.

—Buenos días —saludó cálidamente la mujer.

   La mayoría contestó con un asentimiento de cabeza.

— ¿Ya han formado los grupos para el trabajo que les di?

   Todos abrieron los ojos como platos: se habían olvidado completamente.

—Eso suponía —negó lentamente con la cabeza, en una clara señal de desaprobación —. Entonces, ya que no son capaces de hacer lo que les he pedido hace una semana, yo voy a formar los grupos —los comentarios negativos sobre el planteamiento se presentaron de inmediato —. No hay ningún pero que valga, señores. El trabajo será, gracias a la sugerencia de uno de sus compañeros, entre acompañantes de banco.

   Lara se volteó a mirar a Felipe con chispas saliéndole de los ojos.

—No puedo creer que hayas hecho eso.

— ¿Hacer qué, Ari? No fui yo.

   Ella rechinó los dientes.

   Paralelamente en otro lado, dos bancos más atrás para ser precisos, las quejas no abundaban.

—La verdad que me da lo mismo —le comentó el de los anteojos a Fran —. Pensaba hacer el trabajo contigo.

—Sí —él se puso repentinamente incómodo —. ¿Cuándo lo haremos?, ¿y dónde?

—En mi casa imposible, no hay mucho espacio para estudiar aparte mi madre tiene todo el lugar revuelto por no sé qué cosa que debe presentar para el trabajo. ¿Tú puedes en la tuya?

   El nerviosismo de Fran aumentó, y Guido pareció notarlo ya que agregó:

—Si quieres podemos reunirnos en un bar o algo así. También está la biblioteca.

—No, no —agregó, tras unos segundos de debate interno. Algún día debía superar su trauma; ¿qué podría pasar de todas formas? —. Puedes venir a casa esta tarde. Te envío la dirección por chat, ¿sí?

—Perfecto.

***

— ¿En serio vas a seguir con eso, Felipe? —Alma rodó los ojos. Su primo podía llegar a ser algo obstinado.

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