Capítulo 5

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Un chico extraño y una chica solitaria


La cara de Madison reflejaba el poco interés que tenía en las clases que se estaban desarrollando frente a ella. Anna la había obligado a ir a la escuela y, tras una acalorada platica, la joven terminó siendo acompañada por su amiga y por la señora Elizabeth a la preparatoria más cercana.

Para la morocha no fue difícil el resolver los ejercicios y cuestionarios que le dieron, como prueba para ver a qué grado la enviarían. Terminó en el último año y, tras unas cuantas advertencias por parte de Anna, ella y la señora se fueron, dejando a Madison sola entre todo ese montón de gente.

Las personas.

Ese era su problema.

No quería estar cerca de gente a quien no conocía, y que en un momento dado podrían empezar a verla como las personas del pueblo donde vivió por tanto tiempo.

Todavía podía ver sus rostros, a través del vidrio enmarcado del salón. Muecas burlonas. Bocas torcidas. Ojos entrecerrados. Todos apartándose de ella.

Ya no quería que huyeran, pero tampoco sabía cómo acercarse a las personas para que la conocieran mejor. Toda su vida, Anna la había instruido para que se alejara de los humanos, así que no podía borrar años de advertencias así como así.

Por ello, lo único que le quedó fue aparentar una indiferencia que no sentía, mientras por debajo del pupitre se tomaba las manos con fuerza, para que nadie se diera cuenta del terremoto que azotaba sus dedos.

—Señorita, ¿Moret, cierto? —. Al escuchar el apellido que había adoptado, Madison retiró su vista de la ventana y la fijó en el maestro. Un sujeto alto y tan delgado que, estaba segura de que podía pasar por un espantapájaros. — No sé cómo eran sus clases en Chihuahua, pero aquí se acostumbra mirar al profesor mientras está explicando la lección, ¿Entendió?

La morocha asintió y suspiro con fuerza.

La mayor parte de sus compañeros la miraron como si nunca la hubieran visto, y una parte de ellos no tardó en murmurar la actitud de la joven.

El profesor no permitió que el asunto creciera. Calló a todos con sus palabras.

—¡Basta!¡Chicos! ... ¿Quieren una examen sorpresa? —, ante lo último, la mayoría se quedó en paz. Sin embargo, al otro lado del salón, tanto Robin como Steve y Carter se le quedaron viendo a la chica.

Por lo poco que habían convivido con ella, hacía un par días, tenían la idea de que Madison era una chica tranquila. Dócil.

El maestro posó su vista en la morocha y, con una media sonrisa, señaló el pizarrón le dijo.

—Bueno señorita, como veo que está muy aburrida, ¿Por qué no pasa al frente y nos dice cuales fueron los detonantes de la segunda guerra mundial? Tal vez con eso se le quite el cansancio y atienda a la clase.

Todos sabían el objetivo oculto, detrás de esas palabras. El profesor estaba molesto, y lo único que quería demostrar era la falta de conocimientos de la chica, para tener un pretexto de peso y enviarla a la dirección.

Las miradas pasaron del profesor a Madison. Algunos ya estaban pensando que la chica iba a disculparse, por lo que, cuando se puso de pie provoco un jadeo casi general.

—Sí, profesor. Como diga.

La joven llegó al pizarrón y sin dar tiempo que el hombre y sus compañeros la interrumpieran, fue enumerando y anotando de forma breve, la información que se le había solicitado.

Cuando terminó, volteó a ver al profesor.

No había malicia en su voz cuando habló.

—Ya termine maestro, ¿Quiere que los explique?

El sujeto apretó con fuerza los labios y, mientras sus alumnos lo miraban con atención esperando su reacción, señalo el asiento de la chica con una cabezada y dijo.

—A la próxima, mire hacia enfrente y no se distraiga, ¿De acuerdo?

—Sí, maestro.

El camino a su lugar fue más difícil de lo que esperaba. Madison evitaba ver a sus compañeros por todos los medios, y aunque ya no se sentía tan nerviosa como hacia unos minutos, seguía sin poder detener el temblor de sus manos.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!