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-¡No puede ser! ¡Es Usted, el Señor del restaurante de aquella vez!

Karen alzaba la voz sorprendida de su descubrimiento. No me había dado cuenta que ella no lo reconoció antes. Lo entendía, no le había prestado atención a cada mínimo detalle de la existencia de aquel hombre, como yo lo hice. Su aroma, la forma de mover las manos, su respiración calmada...todo lo recordaba, aunque parecía que cuando lo tenía frente a mí, era un alma sin cuerpo y sin intenciones de retornar a la vida.

-Lo siento ¿a qué se refiere?

El Señor Hang tampoco entendía. El hombre sentado a su lado tomó los anteojos oscuros y los removió de su rostro, posándolos delicadamente sobre la mesa de madera. Sus ojos se mostraron por fin y el pecho se me encogió. Todavía sosteniendo el tenedor en su mano, hizo una pequeña reverencia pero no dijo nada. Su boca formó una media sonrisa, tratando de parecer lo más amable posible. Había sido descubierto, ya no era solamente yo la que sabía quién era, aunque en realidad Karen ni siquiera conocía su nombre antes de aquel almuerzo.

-No sabía que eran amigos. ¿Se dedican a lo mismo?

-¡Ah! Te refieres a Yongguk. Podría decirse que trabajamos juntos, pero yo soy el jefe, por supuesto.

Las únicas dos personas que habían conversado durante la comida, ahora soltaban carcajadas. Mi cuerpo no reaccionaba. Seguía observando como la mano de Yongguk se mantenía estirada para que yo tomara el tenedor. No podía hacerlo.

-Pero ¿Cómo fue que se conocieron? Yongguk es una persona muy dedicada a su trabajo, muy pocas veces lo he visto salir a comer afuera.

-Lo conocimos en un lugar fuera de la ciudad. Alena no tenía ni un día aquí. Ella intentó comer con los palillos pero no lograba sujetar la comida. Fue el Señor Yongguk quien le ofreció un tenedor.

Los ojos de Karen avistaron el tenedor en ese momento. Supo lo que estaba sucediendo entre nosotros.

-Alena...

Me codeó sin que los demás lo notaran. Esperaba así, que yo reaccionara y tomara de una vez por todas, ese bendito tenedor.

Sentía los ojos del resto de los comensales sobre mí y quizá fue eso lo que me llevó a recuperar, una vez más, el ritmo normal de mi respiración y a levantar mi mano para recibir el utensilio.

-Gracias.

Fue lo único que pude decirle. Las lágrimas seguían posadas al borde de mis ojos, pero sabía que tenía que mantenerlas ahí o de otra manera terminaría pareciendo una idiota. Agaché mi rostro y disimuladamente las sequé con el reverso de mi chaqueta.

Debajo de la mesa podía ver los pies de Yongguk y cómo estos se movían con nerviosismo. Parecía como si su cuerpo hubiera estado dividido, puesto que sobre la mesa mantenía esa postura rígida, mientras que sus piernas se agitaban sin parar.

Antes de que pudiera mirar una vez sobre la mesa para comparar la desigualdad de movimientos, se levantó y pidiendo disculpas se dirigió al baño. Cuando lo vi alejarse, los latidos en mi pecho se aceleraron y comencé a sudar ¿Era esa una señal? ¿Debía seguirlo y preguntarle qué le sucedía? En serio quería saber por qué actuaba como si no me conociera. Pero sabía que no tenía el derecho de hacerlo ¿Quiénes éramos el uno para el otro? ¿Qué era lo que nos unía? ¿Destino? ¿Simple casualidad?

Tragué saliva y analicé cada movimiento que las dos personas que habían quedado en la mesa, hacían. Intentaba proyectar mis posibles acciones y cómo reaccionarían mis acompañantes. Si me levantaba en ese momento, no debían darse cuenta que lo hacía para perseguir a Yongguk. Si me quedaba, tampoco debían notar cómo mis manos no conseguían quedarse quietas y mis latidos resonaban en mis oídos.

En medio del dilema, el vaso de agua que me habían servido, se mostraba reluciente frente a mí. Avancé en su dirección y con un rápido movimiento logré derramar el contenido sobre mi camiseta. Mi excusa para salir corriendo hacia el baño, había sido ejecutada.

-¡Oh no! ¿Necesitas que te acompañe?

-¡No!.. Es decir, no puedes dejar solo al Señor Hang. No es nada, conseguiré un poco de papel en el baño y volveré en un instante.

Ya me encontraba a medio camino cuando le decía estas palabras a Karen. La adrenalina me recorría entera.

Giré en dirección al baño pero no entré, sino que me quedé parada fuera de la puerta del baño de hombres, esperando que Yongguk saliera. Unos buenos cinco minutos pasaron pero no había rastros de él. Me encontraba más calmada y mis pensamientos no corrían de un lado a otro descontrolados como antes. La camiseta estaba casi seca ¿Qué le diría a Yongguk si aparecía en ese momento?

Estuve a punto de emprender mi camino de vuelta a la mesa, cuando el ventanal dejó a la vista la espalda del hombre viejo en cuerpo joven que ya había visto hace un tiempo atrás, comiendo a toda velocidad. El humo se despegaba de sus manos y sus pies seguían moviéndose intranquilos.

Dudé en acercarme, pero luego, la realización de que ya había tomado la decisión de hablar con él cuando me tiré el agua encima, me arrebató la duda. Me acerqué al picaporte del ventanal y antes de que pudiera tomarlo en mis manos, Yongguk abrió y ambos nos quedamos frente a frente. Había lágrimas en sus ojos y un temblor se apoderaba de su cuerpo.

I'm gonna make you love me  [BangYongguk]¡Lee esta historia GRATIS!