Capitulo 1: Mis hermanas Sonata y Aria

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Mis hermanas y yo nacimos en "Acuarius", la ciudad más hermosa del océano donde ningún pony podía encontrarnos, pues era la parte más profunda y aislada del mundo terrestre. Allí fue donde Sonata, Aria y yo crecimos como todas las sirenas, ocultándonos de cualquier cosa que pudiera ser una amenaza para nuestra ciudad, ya sé lo que estarán pensando "La ciudad más aburrida del mundo", es verdad, las sirenas éramos los seres más hermosos y amables en el mar, pero había algo que nos destacaba más, "Nuestra hermosa voz", era lo que más distinguía a una sirena... con excepción de 3 pequeñas sirenas.

El día era cálido y mis hermanas y yo regresábamos de jugar en el arrecife. Era muy divertido pasar el tiempo juntas jugando con una pequeña almeja, perseguirnos o escondernos. Alegres volvíamos a nuestra cueva con nuestra madre.

Mamá se dio cuenta de nuestra llegada tan tarde. -Niñas... en donde estuvieron todo el día?- Para mi mala suerte, Sonata y Aria me empujaron hacia ella. -emmm... en el arrecife.. jejeje- respondí con una sonrisa nerviosa. -Ya saben las reglas. Es muy peligroso que estén afuera tan tarde, cualquier cosa podría...- Interrumpimos las 3 al mismo tiempo. -... poner el peligro la aldea.- Me acerqué a mamá. -Pero no nos gusta jugar aquí con las otras potras sirenas... todas se burlan de nosotras por no tener el don de cantar como los demás y no es justo...- Con los ojos llorosos nadé a la parte mas oscura de la cueva y mis hermanas me siguieron.

No era justa la vida que nos tocó a mis hermanas a mí. Éramos la imperfección de nuestra especie, las ovejas negras, la deshonra de las sirenas.

En la noche, mientras todos dormían, algo logró despertarme. El mar no se sentía como siempre, había algo raro que no podía descifrar, parecían ser melodías que no se distinguían con claridad en alguna parte. En mi corazón algo me decía que era a mí a quien llamaba, pero sabía que era peligroso salir para descubrirlo, asique decidí ignorar las melodías y volver a dormir.

La mañana siguiente, mis hermanas y yo nadábamos sobre los corales viendo la infinidad de peces de todos los colores a nuestro alrededor, no recuerdo porqué hacíamos esas tonterías, pero por alguna razón nos hacían felices, el solo sentir las burbujas en mis aletas y por un momento tener la sensación de libertad. Casi llegando a la superficie, me detuve a mirar la superficie antes de descubrir lo que habría fuera del agua. -Adagio, creo que deberíamos volver- dijo Sonata limitándose a acercarse. -Sonata tiene razón, no deberíamos acercarnos a la superficie.- Me jaló Aria. -Solo quiero saber que hay afuera...- Jalé mi casco y me acerqué a la superficie. Vi por unos segundos todo a mi alrededor, y sentí el viento en mi rostro, un aire puro me hacía sonreír. Observé las nubes, el cielo y el sol brillante. -Adagio, realmente no debemos estar aquí...- dijo Sonata mientras también salió a ver. -Regresaremos en un segundo, solo vengan... parece no haber peligro- Preocupadas, Sonata y Aria me siguieron mientras yo saltaba como delfín a la superficie. Sentía el viento en mis escamas y todas mis aletas, no podía entender como algo que se sentía y se veía tan hermoso, podría ser tan peligroso.

Seguíamos nadando hasta que por fin convencí a mis hermanas de sentir el aire fresco en sus aletas. Las 3 saltábamos felices de ola en ola disfrutando de la brisa y el sol que nos hacía brillar, parecía que no existía nada más, solo mis hermanas y la superficie. En un instante, algo nos cubrió en sombra, parecía ser un monstruo café enorme. No sabíamos lo que era, pero se veía que de él salían pequeñas sirenas, solo que sin aletas ni escamas y parecía que tenían 2 patas más que nosotras. Esas criaturas por alguna razón robaban los corales, almejas, estrellas de mar. Se llevaban los tesoros de nuestro territorio. Nos sumergimos para ver mejor y notamos que esas redes se estaban llevando las cosas y habitantes que pertenecían al océano, asique enojadas decidimos intentar alejar las redes.

Al quitar la ultima red de un pequeño pececito, de la nada una lanza casi dio con nosotras, parecía que nos habían visto y nos seguían arrojando lanzas. -Corran a casa!!- Grité y mis hermanas me siguieron nadando los más rápido que podíamos. El monstruo gigante de madera nos seguía cada vez más rápido lazando sus redes hacia nosotras.

Estaban a punto de atraparnos, debía hacer algo para proteger a mis hermanas, asique hice lo único que se me ocurrió. Nadé rápidamente hacia el monstruo y salté del agua lo más alto que pude sujetando el ancla. Al caer en el agua jalé fuerte al monstruo del lado contrario a la aldea y la llevé lejos de nuestro territorio. Al soltarlo en el punto más lejano, nadé a casa algo cansada con la esperanza de no ser perseguida, para mi suerte logré hacer que perdiera el rumbo el monstruo y pude nadar tranquila.

Me reuní con mis hermanas en nuestra aldea y las abracé jadeando de cansancio. Todo mi cuerpo estaba débil y respirando con dificultad, perdí la conciencia.

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-Jack Pie-

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