La dura noticia me dejó incapaz de reaccionar. Sentí mi cuerpo enfriarse por la tristeza. En los ojos de Jimin se reflejaba una mezcla de lástima y compasión.

—No estoy diciendo que te esté engañando. —Me tocó el hombro, pero retiró la mano con rapidez. No quería malinterpretar las cosas entre nosotros—. Hoseok no sería capaz de hacer algo así.

—¿Estás seguro de eso? —pregunté yo, difícilmente, ya que el nudo en la garganta me estaba quemando.

Jimin sabía que Hoseok no era un ángel. Hoseok era como un hermano para él y lo conocía bien. Se mantuvo en silencio, sin poder contestar mi pregunta, sin querer hacerlo.

—No lo sé. No dudo que tenga una explicación para todo esto, tú deberías ser la primera en escucharla. —Asentí despacio, quería oír lo que Hoseok tenía que decir antes de encerrarme en el baño a llorar como una inmadura. Jimin tragó saliva y murmuró—: No quiero meterme en tu relación.

—¿Puedes decirle que vuelva temprano? Antes de acostarme quiero hablar con él cara a cara.

—¿Por qué no se lo dices tú? —Alcanzó su teléfono de su chaqueta y lo puso en mi mano. Él quería que fuera valiente, y quería estar delante para verlo. En sí, la situación me aterró, pero entre los contactos favoritos de Jimin estaba su nombre y en un momento lleno de valor lo hice, le marqué.

—¿Jimin? —contestó la voz llena de vida de Hoseok, al segundo tono. Pude escuchar a Jeongguk reír y coches pasar detrás de la línea.

—Hoseok. —Intenté que mi voz fuera firme, pero en cualquier momento me rompería.

—¿Amor? ¿Por qué estás llamando desde el móvil de Jimin? ¿Ha pasado algo? —Hoseok estaba preocupado, lo noté por su voz inquieta, y quise sonreír. Absurdo. Sin importar lo que hiciera, seguía amándolo cada día más.

—No, Hoseok, todo está bien —mentí. Nada estaba bien. Mi saliva se asemejaba al ácido y ardía—. Ven pronto, por favor, necesitamos hablar.

Jimin me quitó su teléfono y colgó la llamada por mí. Después, me estrechó entre sus brazos en un abrazo fuerte que me confortó durante unos minutos. Fue cuando me arrepentí de haberlo alejado de mí tiempo atrás.

Él se marchó en cuanto puse un pie dentro del edificio.

No estaba segura de ser capaz de enfrentar a Hoseok. Quería una explicación, pero no quería que fuese cierto. No obstante, hablar con Jimin me había dejado claro que debía dejar de ser la ingenua de la relación. Debía dejar de depender de Hoseok de una vez por todas.

Hoseok me dejó dos llamadas que yo no contesté. Quería tenerlo frente a frente e intuía que si contestaba mi valentía repentina se esfumaría.

Habían pasado veinte minutos, descansaba mi cabeza contra el cristal de la ventana esperando por él y mi corazón deliró cuando vi su coche detenerse frente a mis ojos. Su silueta bajó del coche a una lentitud que a mí me pareció una eternidad. Se veía nervioso, y asumí que estaba preocupado. Entró en el edificio dando grandes pasos y creí que me desmayaría de los nervios.

Después de aquello, cada segundo que pasó fue una tortura. Desde el segundo en que escuché la llave ser introducida en la cerradura hasta sus pisadas acercándose a mí. No quise buscar sus ojos porque los míos ya estaban cristalizados.

Tomó mi mano, pero yo la aparté. Hice lo imposible por evitar que las lágrimas cayeran. Se sentó a mi lado y conservó el silencio mirando al suelo. Apoyó sus brazos en las rodillas y yo lo miré de perfil.

—Sé que he llegado tarde, pero no pude hacer nada por llegar antes. Estaba muy preocupado, no contestabas mis llamadas y Jimin nunca llegó a la casa de Yoongi. —Cubrió su cara con las manos y tuve que esperar a que el nudo en la garganta se suavizara para contestar.

—No tiene nada que ver con eso.

—¿Entonces qué pasa?

—¿No tienes un poco de conciencia? —Mi voz se quebró.

—No tengo ni la más mínima idea de lo que estás hablando, pero no tengo ganas de una escena de estas. —Se incorporó en el sofá, dispuesto a largarse. Tenía que estar bromeando, no toleraría que se escapara de nuevo, había tenido suficiente.

—¡Estuviste con ella!

—¿Qué? —preguntó con el ceño fruncido—. ¿Qué mierda te ha contado Jimin?

Aquello me enfadó aún más. No tenía ningún derecho a meter a Jimin. Entonces, grité lo innegable, la verdad—: Me tomas por una estúpida. ¡Ni siquiera pudiste decírmelo! ¡Me mentiste!

—¡Si no te lo dije fue porque sabía que esto pasaría! Estuve con ella, pero no le puse un solo dedo encima. Estamos hablando de mi mejor amiga. —Los ojos de Hoseok se notaban dolidos, y era la primera vez que lo veía así.

—¿Por qué no le dijiste que tenías novia?

—Ella no quería escuchar eso —contestó, intentando acercarse a mí—. Terminó con su prometido hace dos meses.

Sinceramente, no se veía muy destrozada por la ruptura, lo único que vi fue como quiso pasar tiempo a solas con él, pero tampoco podía volverla la única culpable, Hoseok no le dejó las cosas claras.

—Eres tan considerado —escupí sarcásticamente—. ¿Acaso te importó como pudiera sentirme yo con todo esto?

Estaba enojado, su pecho subía y bajaba y contenía sus impulsos.

—¡Estoy harto de que creas que no me importas! —gritó levantándose. Me miró con sus ojos empañados y continuó—: Lo peor de todo esto es saber que me ves capaz de engañarte.

Pidió confianza. ¿Cómo podía hacerlo después de todo por lo que me hizo pasar? Su enfado y voz afligida no iban a cambiar las cosas.

—Hoseok, me mentiste.

—¡No lo hice para herirte! Yo no quería que pasara esto.

—Es exactamente lo que hiciste, me heriste —No contestó. Sus ojos miraban el suelo, y entonces dije lo que había rondado mi cabeza todo este tiempo—: Hoseok, esta relación me está destruyendo.

Subió su mirada, atónito. Noté que de sus ojos cristalizados salían lágrimas, le había dolido, me sentí egoísta y ruin, y tuve miedo. Miedo de perderlo. Negó varias veces con la cabeza y caminó dándome la espalda hasta la puerta.

Hoseok desapareció dando un portazo.

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