Capítulo 19: Padres e hijos

Comenzar desde el principio
                                                  

Bufó irritado. No le iba a servir de nada darle vueltas a esos posibles escenarios porque lo hecho, hecho estaba y no se podía dar marcha atrás en el tiempo para cambiarlo. Aunque no podía evitar tener una espina clavada, creía que si hubiese estado junto a Aomine, sus vidas serían muy distintas ahora, serían mejores y, casi con total seguridad, serían más felices.

Tuvo que dejar la autocompasión a un lado cuando su estómago rugió con fuerza clamando por comida. No había tomado ni un bocado desde el día anterior y su cuerpo ya protestaba por tal descuido. Se levantó con pesadez de la cama y se fue hacia la cocina en calzoncillos. Por suerte tenía la calefacción puesta por lo que no pasaría frío.

Encendió la cafetera, colocó una cápsula dentro y le dio al botón. Se apoyó de espaldas en la encimera mientras esperaba que la taza de café se llenara. De repente, el timbre de su casa sonó extrañándole, no esperaba ninguna visita aunque tampoco es que soliese recibir muchas, de hecho la única persona aparte de él que había estado en casa desde que volvió había sido... su padre.

Un gruñido de molestia salió de sus labios al darse cuenta de quién estaba al otro lado de la puerta, se imaginaba el motivo de su visita y estuvo tentado de fingir que no estaba en casa. Seguramente las llamadas que había recibido eran de su padre también, debía de estar muy enfadado para llamarle tantas veces y tomarse la molestia de presentarse en su casa. Pensó que lo mejor era dejarle que le gritase ahora y así quitárselo de encima cuanto antes, porque estaba convencido de que seguiría insistiendo hasta dar con él.

Caminó con parsimonia hacia la entrada sin ni siquiera ponerse algo encima, en ese momento ni le importaba que algún paparazzi pudiera fotografiarle con esa pinta. Abrió la puerta con indiferencia encontrándose con la dura mirada de su padre, que al verle sólo con ropa interior, mostró su desaprobación acentuando la dureza con la que le miraba.

- ¿Así recibes a todos tus invitados o lo guardas especialmente para mí con tal de sacarme aún más de mis casillas? - le preguntó Masaomi.

- Oh, no te creas tan especial, es la bienvenida que le doy a todo el mundo – le soltó echándose a un lado para que pasase. El aire helado que entraba de la calle comenzaba a darle frío.

- Apestas – le dijo Masaomi al pasar por su lado, arrugando la nariz por el mal olor que desprendía su hijo.

Akashi le ignoró y se encaminó hacia la cocina siendo seguido por Masaomi.

- ¿Para qué demonios quieres un móvil si no contestas cuando te llaman? - le soltó malhumorado mientras veía a su hijo tomar un sorbo del café recién hecho.

- Para comprobar cuán lejos puedes llegar cuando alguno de tus negocios está en peligro.

- Me alegra saber que al menos sabes por qué he tenido que posponer reuniones importantes para venir a verte.

- Eso te pasa por usarme para hacer negocios que sólo te benefician a ti.

- No sólo a mí, a ambos. Te había encontrado la perfecta esposa y vas y lo tiras por la borda por un don nadie – alzó la voz molesto – ¿Crees que aceptaría en la familia a alguien que se acuesta con su jefe por dinero?

Los ojos de Akashi se abrieron tanto por la sorpresa que parecía que estaban a punto de salir de sus órbitas. Ahora todo en encajaba, había tenido razón al sospechar que su padre tenía que ver con la aparición de Aomine en el restaurante justo cuando le organizó aquella cita con Momoi. ¡Tenía planeado desde el principio impedir que se reconciliara con Aomine!

- Deja de inmiscuirte en mi vida de una maldita vez – le gritó Akashi – estoy harto de que intentes controlarme, que me digas con quién debo estar y a quién amar. No es asunto tuyo.

Baloncesto callejero (Kuroko no Basuke, AkaAo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora