Capítulo 26.

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    Caminó de un lado para el otro, con las manos detrás de la espalda y mostrando un nerviosismo poco característico de una persona de su posición. Al ser Comandante, rechazabas toda muestra de nervios de cara a los demás. Tenías que dar a entender que eras la máxima autoridad por algo y ese algo era el control sobre todo y sobre todos, pero antes que eso, debías de tenerlo sobre ti mismo. 

    Lexa se caracterizaba por su control sobre sus emociones y sus sentimientos pero apenas faltaban unos minutos para que hiciese oficial la decisión de su vida. Algo que bien o para mal, lo cambiaría todo de nuevo y quién sabe si a ella también la cambiaría. Había estado toda la noche dándole vueltas al tema. Dándole vueltas al hecho de que quizás, por una vez, debería pensar con su corazón y no con su cabeza. ¿Pero con quién realmente estaba su corazón? 

   No pudo darle más vueltas ya que en pocos segundos, Titus entró en sus aposentos con cara inexpresiva. Lexa ya sabía lo que significaba eso, había tenido la oportunidad de tener más momentos así con él. Si su guardián de la llama guardaba un gesto tan inexpresivo era porque intentaba por todos los medios que su Comandante no averiguase lo que pasaba en realidad, algo que seguramente, era una o varias malas noticias. 

    - ¿Qué ocurre, Titus?- preguntó con seriedad, sin el más mínimo ánimo de pedirle que fuese al grano porque ciertamente, no era necesario

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    - ¿Qué ocurre, Titus?- preguntó con seriedad, sin el más mínimo ánimo de pedirle que fuese al grano porque ciertamente, no era necesario. Él ya sabía lo que quería. 

    Cogió aire por la nariz y lo soltó por la boca. Después, llevó las manos a su espalda y alzó la barbilla. Le sostuvo la mirada a su Comandante con bastante seriedad, dándole a entender durante los primeros segundos que era algo importante lo que tenía que comentarle, algo que quizás, tenía que ver directamente con ella y con lo que había pasado después de que uno de los suyos intentase matarla, después de la mentira que habían tenido que llevar en sus espaldas durante aquellos meses. 

    - Es Azgeda- soltó. Lexa cerró los ojos y se giró, dándole la espalda a Titus y esperándose lo peor de la Nación del hielo, sobre todo después de su juicio, sobre todo después de comprobar cómo era la única Nación que se había levantado contra ella en más de una ocasión. - Comenzamos a pensar que preparan una batalla contra la gente celeste. 

   La Comandante volvió a girarse. Su mirada ardía en rabia y en confusión. Ardía en deseos y necesidad porque su guardián, su confidente, le explicase con mayor detenimiento lo que había dicho. 

    - Ven a esa gente como una debilidad para ti, para cualquiera que opte al puesto de Comandante. Piensan que todo ha sido su culpa. Quieren acabar con ellos. 

    - ¿Tienes pruebas para pensar eso? 

   - Varios de nuestros espías escucharon al embajador de Azgeda hablar con su Segundo sobre el tema. Horas después, éste marchó hacía Azgeda para informar de la situación en Polis o quizás, para movilizar a las tropas. 

   Lexa reflexionó ante lo que Titus le estaba contando. Tenía sentido pensar que ciertamente, era tal y cómo el guardián de la llama le estaba diciendo. Desde que los Skaikru aterrizaron en la Tierra, para bien o para mal, habían surgido una serie de sucesos que a los terrestres les había incomodado por completo y por si la gota no hubiese colmado el vaso, ahora, sus futuros Comandantes, amenazaban con cambiar por completo todos los esquemas que tenían idealizados, imponiendo la paz entre todos los clanes, pidiendo que la sangre, dejase de necesitar más sangre. Lexa sabía que para los suyos, eso era un concepto desconocido, algo que veían como simple debilidad por los Skaikru, algo que tenía que ser eliminado para que las cosas fuesen como antes. 

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