Capítulo 9: Cuerpo de niño, mente de adulto

 

 

Shannon no sabía la hora que era cuando se despertó. Tenía el cabello enmarañado de tantas vueltas que dio mientras dormía. No se acordaba de lo que había ocurrido ayer, por eso cuando se quitó la camiseta y se vio al espejo observó sorprendida una pequeña cicatriz blanca en el centro de la espalda. Suspiró al reconocer lo poco que quedaba de la herida que le había ocasionado la flecha al perforarle la piel.

Buscóen el armario alguna prenda de ropa que no tuviera nada que ver con los vestidos y encontró aliviada un perfecto chándal negro y amarillo fosforito que se ajustaba a su cuerpo a la perfección. “Cómodo  sencillo, perfecto para mí”, pesnó mientras se estudiaba bien en el espejo. Intentó dominar su cabello alborotado, mojándolo on las manos procurando marcar bien el rizo y se lavó la cara con agua fría para despertarse del todo. Se calzó con unos tennis y se dispuso a salir de aquel cuarto con diez euros, pues tenía pensado ir a desayunar a la cafetería a la que había acudido con Katy la última vez, antes de descubrir que era una cazadora de sueños. Caminó por los pasillos hasta llegar a las escaleras que la llevarían a la entrada. Bajó los escalones lentamente y antes de abrir la perta unos rizos se interpusieron en su camino. Shannon bajó la mirada sorprendida al distinguir los ojos oscuros de Máximo.

-Hola  -tartamudeó aún atónita.

-Hola, ¿ibas a algún sitio?

-A desayunar –contestó Shannon echando una ojeada a la puerta entreabierta- ¿Qué haces aquí?

-Esperar a que i hermana se despierte para ir con ella a desayunar –explicó Máximo sonriendo- Pero como siempre se despierta bastante tarde… ¿Puedo ir contigo?

Shannon asintió mientras ambos salían del edifcio en silencio. Máximo sonreía mientras Shannon le dirigía extrañas miradas de reojo, hasta que llegaron a la cafetería deseada. Máximo, tan pronto entrar, se sentó en una pequeña mesa vacía junto a la ventana. Shannon se acercó a la camarera y le pidió dos chocolates calientes con churros. La camarera se puso manos a la obra mientras Shannon regresaba con su acompañante.

-¿Qué has pedido? –le preguntó Máximo con la vista fija en la ventana.

-Algo que te gustará –contestó Shannon con aire de misterio.

-¿Cómo fue? –preguntó Máximo clavando sus ojos llenos de emoción en la mirada confusa de su interlocutora.

-¿Cómo fue qué?

-Le salvaste la vida a Esteban y te clavaron una flecha en la espalda. Y mataste a aquella mujer. ¿Cómo te sentiste después de acabar con ella? ¿Te dolía mucho la herida?

Shannon dudó antes de contestar.

-Algo sí. Pero ya no me queda nada, solo una cicatriz blanca.

-¿Te untaron pasta de Stelarum? –se interesó Máximo.

Shannon asintió y observó aliviada que la camarera se acercaba con su pedido. Estaba harta de tantas preguntas. “Qué curioso es este niño, ¡por Dios!” La camarera se retiró tras recibir el dinro debido por los chocolates y Máximo comenzó a devorar los churros. Shannon sonrió mientras Máximo seguía comiendo. Cuando ya tan solo quedaba un churro en el plato preguntó:

Cazadores de sueños¡Lee esta historia GRATIS!