Capítulo 3

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Destinos cruzados


—¿Se puede saber que te sucede, Elliot? Desde que salimos has estado callado y no le haces caso a nadie —, dijo un chico de cabellos color paja, con unos extraños ojos verdes; era el más alto.

—No me pasa nada —, dijo el mencionado, mientras seguía caminando a la par de sus amigos.

Uno de ellos, de ojos castaño claro, cabellos rojos, y con apariencia de ser extranjero a pesar del bronceado, le puso una mano en el hombro a Elliot, mientras decía en son de burla:

—¿Te pones así por ver a una chica en la calle?

El chico de ojos verdes miro a morocho, con los ojos bien amplios, y dijo:

—¿Una chica? ¿Cómo sabes que fue por una chica, Steve?

— Fácil, vi como se le quedo viendo mientras veníamos para acá —, dijo el pelirrojo. — No me sorprende que ella se haya dado cuenta de que este pervertido la miraba como menso.

—Eso sí que es extraño —, dijo Fabián. — Tú nunca te fijas en las mujeres, a menos de que estas parezcan modelos, ¿estaba guapa?

El chico se pasó una mano por la cabeza, intentando recordar el aspecto de la chica. Después de un rato, habló:

—Yo diría que estaba bien, aunque demasiado pálida y delgada para mi gusto.

—Sí, lo sabemos —, dijo el chico de ojos verdes. — A ti solo te gustan las morenas que te contradicen.

Steve se volteó y le propinó un puntapié a su amigo, mientras decía:

—Bueno, si hablamos de gustos, Carter, yo diría que los tuyos son más masoquistas.

—¿Podrían callarse por un momento? —, dijo Elliot, el cual no había escuchado nada de lo que habían estado hablando los tres. — Estoy intentando recordar algo.

—Yo que tu tendría cuidado —, dijo Fabián. — Si piensas mucho tú cerebro va a explotar, recuerda que no está acostumbrado a que lo utilices tanto.

En ese momento Elliot si estaba prestando atención, pero no le importo el comentario. Siguió buscando en su memoria, intentando descubrir en donde había visto a esa chica. Se le hacía conocida, pero no podía recordar de donde.

Mientras tanto, los otros tres lo jalaron hacia un bar. El cielo se había obscurecido, y lo que menos querían era terminar en medio de una tormenta.

Dentro del lugar, los cuatro bebieron un poco mientras esperaban a que la reciente lluvia cesara, y siguieron con su conversación:

—¿Por qué no nos cuentas de donde la conoces? —, dijo Steve, rascándose la barbilla.

—No la conozco —, dijo Elliot. — Es la primera vez que la veo, pero...

—¿Pero qué? —, dijo Carter, jugando con la botella en sus manos.

—Estoy seguro de que la he visto en alguna otra parte. Se me hace conocida, pero no sé de dónde.

—¿No será alguna amiga, de la amiga, de alguna ex tuya? —, dijo Fabián, sin darle mucha importancia al asunto.

—No sé. No estoy seguro.

—Bueno, si no sabes quién era, te encargaste de que la pobre chica te tenga miedo —, dijo Steve entre risas. — Vi como se alejó casi corriendo. Ha de haber pensado que eras un acosador o algo así.

Tanto Carter como Fabián imitaron sus carcajadas. El primero miró a Elliot y le dijo, señalándolo con ambas manos:

—Eres un acosador de mujeres.

—Ésta vez te pasaste hermano; mira que hacer que una chica huya de ti –, dijo Fabián, intentando interrumpir sus risas.

Sin hacerle caso a ninguno, Elliot se tomó lo que quedaba de su bebida y dijo:

—Ya dejo de llover. Vámonos.

—Pero, el partido...—, dijo Fabián con rapidez, a lo que Carter le respondió.

—El partido seguro se suspendió por la lluvia.

—Ok, entonces vámonos —, dijo Steve, poniendo un par de monedas en la mesa. — Si no se canceló el partido, te haré responsable Carter.

—¿Por qué a mí? Elliot es el que ya se quiere ir.

—Bien, entonces a Elliot.

Él mencionado se pasó una mano por la cara, al tiempo que decía con tono irritado:

—Échenle la culpa a quien quieran, pero ¡ya vámonos!

—De acuerdo —, dijo Steve. — Nos vamos.

Tras pagar la cuenta, los cuatro salieron del bar y tomaron un taxi. 

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!