Una confesión

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En esa calurosa tarde de sábado, muy rara en medio de Londres, los directivos habían decidido celebrar, llevando a los alumnos a Hogsmeade.

Hermione había preferido quedarse, ponerse ropa cómoda y salir a los jardines a leer un poco. Apoyada contra un árbol, suspiró. La paz se sentía en el ambiente y lo único que se oía eran las olas del Lago Negro y el canto de algunos pájaros.

La castaña había leído casi la mitad de Cuando los lobos aullan en América cuando una sombra movediza le tapó el sol.

-¿Me puedo sentar? - Preguntó él antes de que ella alzara la mirada. Y no tuvo tiempo de contestar, porque él ya se había acomodado junto a ella y el agradable sol la iluminaba de nuevo.

Se giró hacia él con el ceño fruncido. No llevaba el uniforme puesto, en cambio algunos botones estaban abiertos en su camisa blanca. Llevaba el pelo enmarañado como siempre y los ojos grises centelleaban con el sol.

-¿Por qué no estás en Hogsmeade? - Preguntó ella algo ruborizada. Él sonrió.

-No lo sé. - Se encogió de hombros. - Te preguntaría por qué tu no lo estás, pero es bastante obvio.

-Sí. - Suspiró ella. - A veces tanta gente es abrumante.

-Te comprendo. - Él miraba el lago y ella lo veía a él. Pero cuando ella miraba hacia el lago, él la miraba a ella. - Ni siquiera te oyes a ti mismo pensar.

Hermione cerró el libro y lo dejó en el césped junto a ella, miró a Draco a los ojos.

-¿Por qué estás aquí?

-Bueno Granger, verás, cuando tenía once años me llegó una carta que decía que... - Comenzó a explicar pero ella lo detuvo con una risita.

-No, Draco, por qué estás aquí, conmigo. - Dijo algo insegura y mordiéndose el labio inferior. Él alejó la mirada. Tardó un rato en responder y antes de hacerlo, tomó la mano de ella y comenzó a jugar con sus dedos.

-Porque me gustas. - Dijo en voz baja y ella se ruborizó completamente. Él esbozó una sonrisa, y no era una sonrisa torcida ni burlona, era una completa y sincera.

Hermione se acomodó el cabello detrás de la oreja y entrelazó sus dedos con los de él. Draco la miró con una sonrisa de labios pegados. Ella estaba alterada, observaba sus manos como si fueran un problema por resolver.

-Esto es imposible. - Se quejó mientras acercaba las manos un poco a la cara de él. - Encajan perfectamente, como si estuvieran hechas la una para la otra.

Él rió, y ella se contagió de su risa, pero pronto las carcajadas se desvanecieron al estar hipnotizados por los ojos del otro.

-Quizá si estamos hechos el uno para el otro. - Murmuró.

Y no quedó claro quién besó a quién. Ella lo besó a él, él la besó a ella, y se besaron. Hasta que el aire fue la primera prioridad de ambos y ella apoyó con delicadeza la cabeza en el hombro de él. Y así se quedaron hasta que todos regresaron de Hogsmeade.

Cuando Hermione se cersioró de que no había nadie en su habitación, se apresuró a tomar la pluma y el pergamino, y escribir rápidamente, con una gran sonrisa emocionada.

Querido Draco,

Me cansé de ser Granger, así que tendré que dignarme a ser Malfoy.

Atentamente,
También me gustas.

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Fiiiiiiiiiin :3
Espero que les haya gustado ^^
Nos leemos pronto en mi nuevo Fic, My best friend.

Besoooos,

Maguii c:

Querida Granger - Dramione¡Lee esta historia GRATIS!