- Tendrías que bajar la velocidad. - Me agarraba más fuerte a él.

Cada vez aumentaba más la velocidad, tengo que admitir que siempre me han dado miedo las motos y claro, que mi novio sea un apasionado de ellas no ayuda para nada.

- Tienes miedo? Por dios, Thalia. - Giró su cabeza para mirarme un segundo y soltó una risa.

- ¡Jesús, el coche!

Y todo se volvió negro.

Flashes. ( Jesús Oviedo )¡Lee esta historia GRATIS!