Capítulo 25.

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    No sabía qué hora era

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    No sabía qué hora era. La luna estaba alta esa noche, mostrándose completamente llena ante la mirada de Clarke. Una mirada perdida en el vacío de la oscuridad, de las estrellas, de su propia mente que no había podido dejar de pensar en Lexa. No la había visto desde su última conversación en la sala del trono. Había tenido asuntos importantes que atender y además, por lo que le habían dicho, se había vuelto a reunir con algunos de los embajadores de los doce clanes. Se imaginaba que todo estaba correcto, que después del discurso que la Comandante había dado, no había surgido ningún otro problema, si no, ella habría sido avisada de inmediato. 

   Pero no era eso lo que le preocupaba realmente. Lo que le preocupaba era la decisión que Lexa o no tomaría mañana o que quizás, ya había tomado tras la reunión con los demás embajadores. Ciertamente, no quería que aceptase el puesto de Comandante, pero, ¿por qué? ¿la quería realmente? Era algo que no sabía aun. Lo que sabía era que no podía contemplar la idea de perderla de nuevo, de tenerla lejos de ella, de Arkadia. Se había acostumbrado a su presencia allí, a la Lexa que era con ella y con los suyos, a la que mostraba firmeza enseñando a los niños las costumbres terrestres, pero a la misma que se le iluminaba la mirada con ellos. Cerró los ojos, intentando borrar esa imagen de su cabeza y suspiró. ¿Quién era ella para querer que Lexa tomase o no una cierta decisión? Entendía la postura de la Comandante. Había crecido para ser una líder, para comandar a todos los clanes, para encargarse de ellos, de sus problemas, para tener todo el poder que una sola persona podía tener en cuanto a ellos y ahora, Clarke quería que dejase la persona que había sido durante tanto tiempo, ¿por qué? ¿por ella? No había razón para querer eso. No podía quererlo porque después de todo, Lexa no era algo suyo.

    Fue entonces cuando llamaron a su puerta, distrayendo completamente a Clarke, que en seguida caminó hasta ella para abrir y comprobar quién era. 

   Cuando vio la mirada de Lexa, completamente seria, centrada en la suya, con sólo un camisón como prenda y totalmente descubierta ante ella, sintió como su corazón se estremecía por un momento, como su pecho comenzó a latir con fuerza, llenándol...

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   Cuando vio la mirada de Lexa, completamente seria, centrada en la suya, con sólo un camisón como prenda y totalmente descubierta ante ella, sintió como su corazón se estremecía por un momento, como su pecho comenzó a latir con fuerza, llenándola de fuertes palpitaciones, sumiéndolas en escalofríos totales. Clarke tragó saliva y la miró de la misma forma, con suavidad, intentando transmitirle con la mirada que se alegraba de tenerla allí, en frente de ella. 

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