Una promesa

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El baño de Myrtle se había convertido en un pequeño hogar para Hermione en los últimos días, ya que evadía la biblioteca lo más que podía. Se escondía allí a leer por algunas horas del día, dónde verdaderamente podía desconectar la cabeza del mundo. A veces Myrtle le hacía compañía.

Pero un día su compañía fue muy distinta. La clase de Herbología había terminado tarde y Hermione estaba deseosa de llegar al baño en desuso del segundo piso. Abrió la puerta con emoción pero su corazón se detuvo por un segundo al oír un ahogado sollozo.

Se acercó lentamente, tratando de no hacer ningún ruido, hasta que lo vió, y contuvo un grito. Era Draco, pero no en su típica forma de relajado y divertido. No, este era un Draco muy diferente. Apoyado contra uno de los lavabos, devolviéndole la mirada desesperada a su reflejo, lloraba.

Hermione se acercó corriendo a la dramática escena y entró en el campo de visión de él, cuyo rostro se transformó en una mueca de sorpresa.

-¡Merlín! ¿Qué te han hecho? - Preguntó aún haciendo contacto visual con el reflejo de él.

-Vete, Granger. - Soltó él antes de cerrar el grifo nerviosamente. Ella sólo se acercó más.

-No te dejaré así. Por lo menos dame una explicación.

El rubio se acomodó las mangas de la camiseta, en un intento de contener las lágrimas y clavó sus ojos enrojecidos en los de ella.

-No puedo decírtelo. No puedo... - Se lamentó mirando al suelo y ella pude ver cómo otra lágrima caía al suelo.

Cortó la distancia entre ellos de un salto y le acarició la mejilla húmeda con ternura. Él trató de alejarse, de apartarse, no quería que nadie viera ese lado de él, y mucho menos ella, pero no pudo hacerlo.

Ella esbozó una sonrisa tranquila y su gesto comprensivo acabó con él. El llanto regresó en cuestión de segundos y ella lo abrazó, podía sentirlo temblando y apretándola más de lo necesario. Le susurró palabras de aliento al oído y se deslizaron juntos hasta el suelo, dónde él continuó sollozando y ella intentando consolarlo, hasta que él se quedó dormido en su regazo.

Al día siguiente, Hermione regresó al baño de Myrtle pero Draco no estaba allí, en cambio, en el mismo lavabo del día anterior, un pergamino amarillento brillaba con el sol.

Una gigante emoción la inundó mientras se acercaba a tomarlo. Era la felicidad pura lo que sentía, algo que le limpiaba el alma con sólo un pensamiento. Se acercó con una gran sonrisa a tomarlo y respiró hondo un par de veces antes de leerlo.

Querida Granger,

Respecto a la pregunta que me hiciste el otro día. Siempre serás Granger hasta que te conviertas en Malfoy.

Atentamente,
No me rendiré.

***
Antepenúltimo capítulo, YAY c:
La termino mañana, tengo sueño, no me extrañen :)

Querida Granger - Dramione¡Lee esta historia GRATIS!