DÍA 4 - Capítulo 3

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Anahí se sorprendió al notar que habían cambiado la mesa del come­dor por una que duplicaba en tamaño a la anterior. Además, dos capas de tela cubrían la superficie. Primero, una base blanca que llegaba casi hasta el piso; y sobre esta, otro mantel negro, cuadrado y bastante más corto que le daba aspecto sofisticado a la decoración. Incluso la vajilla era diferente aquella noche. Anahí no tenía conocimientos al respecto, pero se notaba a simple vista que tanto los platos como las copas y los cubiertos eran de excelente calidad y posiblemente muy valiosos. Su­puso que Lucio guardaba estas cosas para ocasiones especiales, para impresionar a sus invitados.

El general Soriarte y su mujer se sentaron uno junto al otro, casi simultá­neamente. Lucio, en cambio, se tomó el trabajo de arrimarle la silla a Anahí antes de sentarse.

Una joven a la que la pelirroja jamás había visto se acercó a la mesa. Vestía con el mismo uniforme que Olga, por lo que supuso que se trata­ría de la otra empleada, Inés. Anahí la había oído nombrar en el pasado, aunque jamás se la había cruzado por los pasillos.

Lentamente, la muchacha llenó las copas con vino y se retiró. Lucio observó la expresión de Anahí y le pegó una pequeña patada por debajo de la mesa para pedirle que no hiciera ningún comentario diciendo que no le gustaba tomar vino.

Lucio y Soriarte acordaron brevemente que lo mejor sería dejar su discu­sión para más tarde, después de la cena, en el estudio. Al parecer, se trataba de un asunto privado que las damas no estaban invitadas a oír.

Para el disgusto de Anahí, la conversación se centró en ella.

—Contanos, querida, ¿qué novedades hay del otro lado? —preguntó Josefina repentinamente—. ¿Autos voladores? ¿Robots? ¿O todavía no llegaron a todo eso?

—Ni idea —respondió Anahí, encogiéndose de hombros. No quería ser descortés, pero la mujer la ponía de malhumor—. En Argentina no hay nada de eso, capaz en otro lado —agregó para suavizar su res­puesta.

—Entiendo. Para los que estamos acá desde el tiempo del ñaupa, toda novedad es sorprendente.

Anahí sonrió. Le causaba gracia la forma de hablar de Josefina con todos los modismos pasados de moda.

—¿Cómo falleciste? —interrumpió Soriarte, cambiando así el tema de conversación.

Esta pregunta tomó a la pelirroja por sorpresa. Se giró y notó que el general tenía sus ojos clavados en ella. Anahí le sostuvo la mirada mien­tras contestaba.

—Me robaron —dijo. Estuvo a punto de decir "un chorro", pero su­puso que no la iban a entender—. Cuando volvía de la casa de... un conocido. —El odio que sentía por su ex despertó nuevamente—. Me amenazaron para sacarme la moto, y cuando me resistí, bang —imitó el sonido de un disparo y golpeó la mesa, haciendo que todos se sobresalta­ran. Sonrió—. No recuerdo exactamente qué pasó —se enco­gió de hombros—, pero desperté en un parque la semana pasada, con el pelo lleno de sangre.

—Y ahí fue donde la encontré, cuando iba a cobrar una deuda al cen­tro —agregó Lucio velozmente. Deseaba asegurarse de que Anahí no metiera la pata.

—Pucha, debe haber sido traumático —comentó Josefina, exten­diendo su mano sobre la mesa, entre la vajilla, para tomar la de Anahí por un par de segundos—. Al menos sos una piba afortunada que tuvo la suerte de encontrarse con tan buen protector.

—Supongo —murmuró Anahí en respuesta. No sabía qué decir.

—A caballo regalado no se le miran los dientes —dijo la mujer, abu­sando de los viejos dichos—. Don Lucio no será Francisco Petrone, pero es un hombre caritativo y extremadamente caballeroso. Imagino que te habrá comprado lo que llevás puesto.

Anahí no tenía ni idea de quién era esa persona, pero supuso que se trataba de algún galán de su época. Se preguntó cómo lucía ese tal Fran­cisco Petrone. Era cierto que Lucio no era Orlando Bloom, pero se veía bastante bien con su estilo entre moderno y antiguo, siempre formal y mayoritariamente con ropa negra. No era su tipo, pero apostaba a que era diez veces más atractivo que el tal Petrone.

Antes de que la pelirroja pudiese contestar, Olga e Inés regresaron y sirvieron la cena. Llenaron la mesa de bocados de todo tipo y colocaron una bandeja central con lasaña. Lucio había ordenado que la comida fuese dispuesta de esa forma para que sus invitados fuesen capaces de escoger qué comer y en qué cantidad.


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