—Lo sé, y lo siento, pero sabes cuánto te quiero, solo deseo alguien que sea el hombre adecuado para ti— contestó apacible— Tú eres pura bondad, mientras que él es un idiota.

—Siento que no sea de tú agrado— le interrumpió ofendida—. Pero no permitiré que lo ofendas, él es mi marido ahora, ¿y sabes qué?, estoy completamente segura que no me seria infiel.

Maya se arrepintió de esas palabras en cuanto salieron de su boca, reprocharle o echarle en cara lo sucedido ahora, después de tanto tiempo cuando nunca lo hizo, era estúpido.

—Perdón, no era mi intención ofenderlo y que te molestaras conmigo, es solo que no lo entiendo Maya.

En ese momento ella sintió el tacto de una caricia conocida detrás de su espalda, volvió el rostro a su costado, y ahí estaba él. Caín.

Él la rodeó por su cintura protectoramente, y colocó su mano libre dentro del bolsillo de su pantalón.

—Buenas noches Nicolás. Qué sorpresa verte por aquí— siseó él con voz irritada.

Maya esperó que no hubiese escuchado nada.

—¿Cómo estás Caín? —respondió Nicolás tajante y molesto.

—No sabía que lo habías invitado cariño. —Caín no dejó de verlo con dureza a los ojos.

—Yo no hago las invitaciones cariño, pero cada quién es libre de asistir mientras ayuden a una buena causa, ¿no crees?

—Por supuesto— contestó dando un beso sobre su sien, de un costado de su cabeza.

De repente, una mujer rubia de vestido azul, de rostro cariñoso y una mirada tierna, se acercó hasta donde estaban los tres. Ella entrelazo una de sus manos con la de Nicolás, la mujer era la embarazada que Maya había visto en el baño hace unos minutos.

Caín sintió cómo su cuerpo se tensaba bajó su brazo.

—Buenas noches —dijo ella con una bella sonrisa.

—Buenas noches Señora Riley. ¿Por qué supongo que es la esposa de Nicolás? ¿No es así? —soltó él irónico, sacando la mano de su bolsillo para tomar la mano que ella había extendido entre ellos.

Maya no contestó, la presión en el pecho no la dejó pronunciar palabra.

—Sí, así es, ¿usted es?

—Caín Bolton, Giselle. Es el esposo de Maya— contestó Nicolás antes que Caín.

La mirada de Giselle pasó de él hacía Maya, sus ojos reflejaron culpabilidad y vergüenza. Ella le sostuvo la mirada hasta que Giselle bajó la vista al suelo. La situación no podía ser más tensa.

«Ella es por quién me dejó», pensó.

—Felicidades, por lo visto serán padres pronto— soltó Caín de repente.

—Gracias— respondió Nicolás con seriedad, observando a Maya y reflejando tristeza en su mirada.

—Esperamos pronto poder dar esa misma noticia— prosiguió Caín con desdén y sonrió ampliamente, Maya también, sintiendo una dolorosa y familiar punzada de traición.

—Me alegro por ustedes y felicidades de anticipación— dijo con timidez Giselle.

—Bueno, nos retiramos. Me dio gusto verte de nuevo Maya, espero y estés bien, con permiso.

Se alejaron dejándolos solos, Maya se soltó del agarré de Caín con la vista en el suelo. data-p-Al levantar el rostro, él pudo ver una tristeza en esos ojos dorados que jamás había visto, lo miró y dijo dolida:

EN LAS MANOS DE UN ÁNGEL © [SCD#1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora