Una Pista

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Hermione estaba sentada en el saliente de la ventana, enrollaba y desenrollaba un rizo con su dedo índice y observaba los jardines. Era una cosa rara la que había pasado la noche anterior. Y desde ese momento no había podido dejar de pensar en ello.

En varias ocaciones se preguntó, ¿Qué tal si después de todo es él el que me envía las cartas? Pero luego se decía que era una estupidez, y que seguramente lo había soñado.

Lo que si era extraño era que esa mañana había visto a Ron de manera diferente, como si no la hiciera sentir millones de mariposas en el estómago, como si fuera sólo uno mas. Y Draco ocupaba sus pensamientos como un molesto virus que no tenía pensado irse.

Apoyó la frente contra el vidrio y se mordió el labio. No estaba bien, no estaba bien que ese beso le hubiera gustado, no estaba bien que los defectos del rubio se estuvieran desvaneciendo lentamente. No era correcto porque él no era correcto. Él no era bueno para ella y él la despreciaba.

La castaña recordó con alegría la rana de chocolate que había tenido en el bolsillo de su túnica todo el día. Se apresuró a buscarlo pero al sentir la cajita también sintió un trozo de pergamino. Lo tomó rápidamente y lo miró incrédula.

Quienquiera que le enviava esas cartas poseía una capa de invisibilidad, era un fantasma, dominaba demasiado bien la magia o no respiraba. Porque no había otra explicación lógica para que hubiera conseguido meter la nota en su bolsillo sin que ella se diera cuenta.

La abrió con cuidado y su corazón se aceleró. No sabía por qué, pero se dejó llevar mientras observaba las letras escritas con tinta negra y oscura.

Querida Granger,

Me gusta el chocolate, mi favorito es el que tiene menta. Es una extraña combinación, como dulce y ácido, fuego y hielo, Gryffindor y Slytherin.

Estimadamente,
¿Cuál es tu chocolate favorito?

Atónita y con la boca entreabierta dejó caer el pergamino al suelo involuntariamente. Pero lo recogió de nuevo antes de que nadie pudiera alcanzarlo.

Es que era increíble, no sabía si reír o llorar, era él. No había otra posibilidad. Se llevó dos dedos a la frente y cerró los ojos. ¿Qué se suponía que debía hacer ahora?

¿Correr a sus brazos? Definitivamente no. Cálmate, Hermione, tranquilízate. Se decía. Quizá no era él, quizá ese ejemplo era una distracción para ocultarle su identidad. Quizá era otro chico de Slytherin, quizá era un chico de Gryffindor.

Quizá era todo una alucinación. De todas maneras sólo había una forma de averiguarlo.

Querida Granger - Dramione¡Lee esta historia GRATIS!