Capítulo 24.

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    Horas después, cuando la cosa se había relajado, Lexa se reunió a solas con Aden. Tenía asuntos importantes que tratar con él ya que no había estado presente en el juicio con los embajadores de los trece clanes. Necesitaba contarle que todo había salido bien, necesitaba agradecerle el esfuerzo que había hecho durante esos seis meses por mantenerla a salvo, por proteger a Clarke y a los suyos y mantener la paz establecida por completo. Había logrado lo que ningún Comandante antes podía haber hecho posible. Había logrado que la paz no corriese peligro y todo eso, se lo debía a él. Era un niño, aun tenía mucho por ver, por aprender y por querer. No le deseaba la vida de Comandante, no después de haber visto como vivían en Arkadia, pero eso era una decisión que tenían que tomar ambos. 

   El juicio no finalizó hasta que muchos de los embajadores que no estaban totalmente de acuerdo con que Lexa gobernase después de lo que había hecho, propusiesen que Aden continuase al mando. Lexa sabía los verdaderos motivos: pensaban que él no tenía ninguna debilidad. Y ciertamente, no la tenía. Pero eso no le hacía mejor o peor que ella. 

    Así que, en seguida le explicó lo sucedido. Él, de pie junto a la que era en esos momentos la Comandante, reflexionó ante todo lo que le había dicho. Le estaba dando la posibilidad de vivir como una persona normal en un mundo mejor, lejos de las guerras y de las batallas. La posibilidad de crecer sin tener que encargarse de los problemas de uno y de otro. Sin temer sentir por alguien. Sin temer que uno de los clanes se levantase contra el otro. Al fin y al cabo, era un niño y ella, ya estaba más que preparada aunque ciertamente, también se encontraba en una balanza, sobre todo después de haber vivido dos meses en Arkadia junto con Clarke, pero no podía permitirse pensar mucho en eso. Después de que los embajadores le perdonasen la vida y aceptasen el mantenimiento de la paz como tratado entre todos los clanes, no podía dejarle el puesto de Comandante al siguiente así como así. 

    - Con todo respeto, Heda- comenzó a hablar. - Rompí los lazos con mi familia hace años. Esto es lo único que he aprendido. Lo único que he visto desde hace mucho tiempo. 

   - Lo sé, Aden- asintió con la cabeza, comprendido su postura. - Pero se te da la oportunidad de empezar de cero donde quieras. Puedes irte a Arkadia, ser médico, profesor, guardia...Puedes ser libre y crecer de la forma que te complazca. 

    Realmente era proposición atractiva, pero su deber estaba en Polis. No quería ni podía girarle la cara. Sabía que estaba preparado para ser Comandante. Lo había demostrado en el tiempo en el que Lexa había estado ausente y no iba a rechazarlo por una vida mejor, no le habían enseñado a hacer eso. 

    - Heda, ¿quieres el puesto?- preguntó, dejando los rodeos a un lado y tomándose el atrevimiento de mirar a su Comandante directamente a los ojos. 

    Lexa llevó las manos a su espalda y perdió su mirada en Clarke, que justo en ese momento había entrado sin pedir permiso, como de costumbre. Había escuchado la pregunta que Aden le había hecho y quería estar delante cuando la contestase. 

 

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