Capítulo 23.

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    Para Clarke fue difícil volver a Polis de nuevo, sobre todo, teniendo en cuenta que, nada más llegar, llamaron a Lexa para declarar ante los embajadores. Fuese de una forma o de otra, Polis ya se había enterado de lo sucedido y por lo que había podido comprobar, ya estaban esperando y listos para establecer justicia por lo que habían hecho. 

    Durante todo trayecto a Polis, la Comandante había estado alejada de Clarke, tal y como el jefe de la aldea había ordenado, hasta que se encontraron de nuevo en la sala del trono. La rubia había llegado antes que Lexa por orden de Titus que sorprendentemente parecía sereno, sin miedo de lo que pudiese pasarles o no. Aden no estaba allí, según le había dicho Indra, que se colocó a su lado, ambos se enfrentarían a los embajadores por separado y antes que él, tenía que hacerlo Lexa, que en esos momentos, entró con un paso firme y decidido en la sala. Tal y como lo había hecho antes, mostrando su postura como Comandante de los trece clanes, mostrándose segura de sus pasos, de ella misma y de lo que iba a pasar a continuación. 

    En esa ocasión, ninguno de los embajadores se arrodillaron ante ella como antes, como se solía hacer cada vez que la Comandante tenía una reunión con ellos, aunque ciertamente, era reunión era distinta a las usuales en Polis

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    En esa ocasión, ninguno de los embajadores se arrodillaron ante ella como antes, como se solía hacer cada vez que la Comandante tenía una reunión con ellos, aunque ciertamente, era reunión era distinta a las usuales en Polis. 

    Cuando vio a Titus al lado derecho de su trono, lo saludó con un gesto diplomático de cabeza. Gesto que en seguida éste imitó después, saludándola también y alegrándose por verla. Aunque la situación no era la idónea, le alegraba saber que estaba en perfecto estado. 

    Tardaron media hora en explicar lo que Clarke, Titus e Indra ya sabían, que habían fingido la muerte de Lexa por seguridad de ésta, para evitar que otro de los suyos intentase acabar con su vida. Después de eso, casi todos los embajadores parecieron salir en defensa del asesino alegando que lo había hecho porque la Comandante era demasiado débil como para liderar a los trece clanes. Lexa en seguida se levantó en su defensa, asegurando que no era el amor lo que te hacía débil, si no todo lo contrario. Aquello lo dijo con su mirada clavada en la de Clarke, como si de hecho, se lo dijese solo a ella, como si sólo le importase que la escuchase la rubia, dejando a los demás en un segundo plano. 

 No fue hasta que uno de los embajadores propuso al resto la muerte inmediata de Lexa y Aden hasta que ésta se hubo alzado de su trono, apretando la mandíbula con fuerza y dureza, provocando que el que había dicho aquello se sentase de nuevo en su silla. 

 

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