El cielo.

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El cielo mantiene en orden todo aquello que lo rodea. Desde la distante nube hasta la destructiva tormenta. El era su cielo. El era aquel que los hacia cambiar con tan sólo una sonrisa. Estaban todos interesados en el cielo que no podían tocar. La nube quería apresarlo. La tormenta cuidarlo. La lluvia quería calmarlo cuando estuviera mal. El sol darle su calor y energía cuando le faltara. El relámpago quería estar a su lado y detener todo el daño que pudieran hacerle. Mientras que la niebla quería hacerlo feliz con alguna ilusión que le diera alegría y no miedo. Mientras que el encargado de que él cielo fuera bueno con todos, quería monopolizar lo, enseñarle a ser lo que todos esperaban pero a la vez dejar que sea lo que él desee. Todos querían tener al inmenso cielo en sus manos. Pero el cielo los quería a todos. Quería sentir la calidez del sol, la calma de la lluvia, la sobre protección de la tormenta, la amistad y cuidado del relámpago. Quería sentir la alegría que le pudiera brindar la niebla y el cariño que pudiera darle su solitaria nube. Él cielo quería tenerlos a todos. Pero la faceta que dejaba ver lo impedía. Su inocencia fingida era lo que no quería dejar. Ya que con esa pequeña inocencia traía a todos sus guardianes cuidándolo y mimándolo.
Aunque la nube y la niebla negara las cosas. El quería seguir disfrutando de esa inocencia fingida. El no darse cuenta de los sentimientos de Gokudera. El no saber por que Yamamoto quería abrazarlo cada minuto. El que dejara que Reborn se bañara con el. El hacerse al tonto cuando Kyoya golpeaba a quienes lo comían con la mirada. El no entender el doble sentido de Mukuro al decir que quería su cuerpo. El no saber por que Ryohei siempre quería que practicara boxeo con él pero sin camisa. El por que Lambo se la pasaba con el con la escusa de que era un buen hermano mayor.
Ya tenía veinticinco años ya no era aquel chico asustadizo de hace diez años. Ya no era un tonto. El era el capo más importante de toda la mafia. Seria algo absurdo el no darse cuenta de las obvias intenciones de sus guardianes y tutor. Pero el creía que el seguir con esa sonrisa boba y cara de dame era lo mejor. Era algo egoísta pero en serio que le gustaba él fingir no saber nada de lo que ellos hablaban.

-¡Chicos hora de la reunión!- informo alegre el castaño.

-Kufufufu Tsunayoshi-Kun estas muy animado hoy.

- Oh claro Mukuro es que él noveno ha enviado una carta y debo leerlo con todos ustedes presentes- informo el chico dándoles una sonrisa inocente que hizo sonrojarse a más de uno.

-¿Tan importante es décimo?-pregunto Gokudera con un sonrojo en la cara.

-Si.

En ese instante al ver la cara de su alumno Reborn no pudo evitar sonrojarse levemente. Lo que ocasiono que convirtiera a León en su pistola favorita.

-Habla- sugirió, mejor dicho amenazo el ex arcobaleno.

Tsunayoshi solo se limito a sonreír para tomar la carta entre sus manos. El sello Vongola era lo que resaltaba en la carta. Rompió el sello encontrándose con algo que lo hizo avergonzar sobre manera.

-E-El noveno d-dice que debo casarme- anuncio con un sonrojo enorme.

Los demás se quedaron dudosos al ver la cara de su jefe algo ocultaba y ellos lo sabían. Lo sabían bien ya que ellos habían descubierto aquella inocencia que fingía tener él chico. Ellos sabían sobre la mascara que todos los días cargaba con tal de no dejar expuestos sus más bajos instintos. Instintos que todos como asesinos profesionales sabían que aquel lindo castaño era un egoísta, pero eso no les molestaba ya que era su egoísta.

-Sawada Tsunayoshi. Deja de fingir- dijo un azabache con voz seria y algo grave.

-¿Qué?- fue lo único que el chico pronuncio antes de verse acorralado por todos sus guardianes y tutor.

El pequeño castaño. Bueno no tan pequeño. Les estaba mintiendo en su propia cara y ellos se asegurarían que ya no lo haga otra vez.

-Vamos Tsuna, sabemos que nos mientes- dijo Yamamoto con su mirada seria.

-Tsunayoshi...- esa fue la muda advertencia del prefecto.

Todos se le quedaron viendo de forma inquisidora. El chico era buen mentiroso y ellos eran buenos fingiendo que le creían. Pero ya era el colmo que les mintiera en su propia cara sobre algo que seguramente era importante.

-Ahhh- el chico intento salir corriendo.

Pero los mayores fueron más rápidos y lo atraparon antes de que saliera corriendo. Ahora no lo dejarían ir.

-Deja ya la mascara Sawada- reclamó Ryohei.

-Queremos que seas egoísta joven Vongola- fue lo que dijo Lambo al ver la cara del castaño.

Tsuna se sobresalto de manera muy estrepitosa. Algo poco común en el ya que desde que tomo el puesto como décimo Vongola ya nada lo asustaba ni lo sobre saltaba.
El chico se sonrojo.

-Y-Yo... ¿Por qué aceptan todo de repente?- interrogo el chico ya un poco nervioso.

-Por que si no lo aceptamos no podemos seguir a tú lado. Además nos hemos cansado de fingir creer en tú inocencia. Se egoísta. Este es el capricho que te complaceremos por ser tan bueno con nosotros- confesaron todos al mismo tiempo.

-C-Chicos gracias... Pero...

-Dame-Tsuna no lo haremos todos al mismo tiempo- reclamo Reborn con cara seria.

Tsuna se sonrojo por aquello. En realidad no estaba pensando en eso. Pero no le quedo mas que reír ante el comentario y seguir con sus asuntos. Sin darse cuenta que en la mansión empezó una pelea por saber quien seria el primero en estar con el. No le molestaba. El hecho de tenerlos a todos y no perder a ninguno lo hacia feliz demasiado feliz. No es como si también hubiera podido escoger a sol uno. Ya que todos eran los que los trian demasiado perdido en mas de un sentido.

Inocencia Falsa.¡Lee esta historia GRATIS!