"CAPÍTULO 14"

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Caín levantó la vista del plato de su desayuno, y dejó en el aire el tenedor con comida que tenía por meter en su boca, la vio entrar a la cocina con sus rizos húmedos por la ducha, su cabello miel se miraba más oscuro, vestida tan ligera como sie...

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Caín levantó la vista del plato de su desayuno, y dejó en el aire el tenedor con comida que tenía por meter en su boca, la vio entrar a la cocina con sus rizos húmedos por la ducha, su cabello miel se miraba más oscuro, vestida tan ligera como siempre; Jeans rotos con una blusa de algodón y descalza. Era increíble cómo esa mujer que todo mundo admiraba, andaba por su casa vestida así, sin importarle su aspecto, sin una gota de maquillaje y totalmente despreocupada.

También notaba que metía a su boca cualquier cosa, justo cómo lo estaba haciendo ahora al meter una galleta que Alma había sacado del horno. Parecía no ser esa clase de mujer esclavizada en dietas constantes. No le importaba las calorías como a las múltiples mujeres que llegó a tener en su vida. Esas curvas estaban perfectamente esculpidas con naturalidad. Era la mujer más real que podía haber conocido.

Ella saludó y le mostró una sonrisa con amabilidad como lo hacía con todos.

Tomó una taza de los estantes y se sirvió café. El anillo que le había dado anoche, brilló en su dedo anular de la mano izquierda, al llevar la taza de café a su boca. Después se acercó hasta la mesa donde estaba él desayunando y se sentó a su lado. Alma rápidamente le puso frente un plato con su desayuno.

—Mañana viajamos a Miami para otro partido— anuncio él ingiriendo un bocado.

—Bien, si puedo, asistiré. Por cierto, este fin de semana tendremos que asistir a una fiesta de caridad en Los Ángeles.

— ¿Tendremos? ¿Por qué hablas en plural? tú tendrás, no yo.

—No cariño, tenemos y punto.

—Si es asistir con esmoquin y soportar tonterías, no cuentes conmigo.

Maya ignoró su reproche y continuó comiendo.

—Estuviste bastante bien anoche— susurró él despacio, tan suave, solo para que ella lo escuchara, rompiendo el silencio que se había instalado entre ellos.

Ella lo miró a los ojos sobre la taza de café que estaba en su boca.

—Lo sé, resulta que tú sacas lo peor en mí— respondió ella, sintiendo como se ruborizaba, anoche se había comportado como una verdadera mujer sin escrúpulos.

Él ladeó la comisura de sus labios formando una sonrisa malvada.

—Me alegra haberlo hecho, sacar lo peor de la gente es algo natural en mí, Pooh— alardeó guiñando uno de sus ojos.

—No te acostumbres a hacerlo cariño, podría salirte mal alguna vez.

—No lo creo, bien sabes que soy el rey de la oscuridad.

Se puso de pie dejando el plato a medias y dando por zanjada la conversación. Salió por la puerta de la cocina, luego se escuchó el sonido de la puerta principal cerrarse de golpe. Ella permaneció sentada, re-memorizando sus manos sobre su cuerpo, los labios dejando marcas sobre sus pechos, e impresa esa cínica mirada que quemaba su piel. Sin duda, él podía poner de rodillas a quien fuera.

EN LAS MANOS DE UN ÁNGEL © [SCD#1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora