DÍA 4 - Capítulo 1

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♬ CANCIÓN PARA EL DÍA 4:  POR UNA CABEZA (DE CARLOS GARDEL, VERSIÓN INSTRUMENTAL) ♬

♬ CANCIÓN PARA EL DÍA 4:  POR UNA CABEZA (DE CARLOS GARDEL, VERSIÓN INSTRUMENTAL) ♬


LA MAÑANA LOS SORPRENDIÓ con sus tonalidades rosadas. El sol asomó temprano, disipando los grises y negros que habían dominado el firma­mento durante la noche.

Anahí olvidó el sueño y el cansancio, dejándose llevar por el compás de la música que solo cesaba su ritmo cuando era necesario dar vuelta el casete. Y Lucio dejó atrás sus prejuicios y odios. Por unas horas, fue­ron simplemente una pareja de tango que coordinaba sus pasos con cuidado, ambos intentando impresionar al otro, llenos de vanidad.

Suaves golpes en la puerta del estudio rompieron el hechizo.

—¿Señor? —llamó Olga desde el pasillo.

—¿Sí? —contestó Lucio, sin invitarla a pasar.

—No olvide su reunión con el general Soriarte al mediodía.

—Llamalo y decile que lo pasamos para esta noche. Que venga a ce­nar acá con su esposa y hablaremos después de comer —respondió él, a los gritos.

Se oyeron los pasos de la empleada alejándose por el pasillo.

—Te habías olvidado, ¿no? —preguntó Anahí, sonriendo.

—Para nada —mintió Lucio. Soltó a su compañera de baile y apagó el estéreo—. Pero no me gusta pasarme la mitad del día manejando. El general vive en el centro de Argentina. No soporto ir a su casa; siempre que vuelvo hay mucho tráfico. Además, ya bastante tuve que manejar ayer, ¿no te parece? —se excusó.

—¿Quién es el general?

A Lucio le tomó un par de segundos reaccionar; daba por hecho que todos en el purgatorio habían oído hablar de Soriarte en algún mo­mento. Los criminales más peligrosos incluso tenían pesadillas con él.

—Es un ex militar que lidera a los sunigortes de toda Argentina. Tiene más sangre en sus manos que la que Drácula podría beber a lo largo de su inmortalidad —explicó él.

—¿Y qué hace acá? ¿No debería estar en el infierno?

—Matar y ser malvado no es lo mismo. Si bien algunas de sus decisio­nes son cuestionables, el general es un juez imparcial. Es solo que tiene mano dura. —Lucio se encogió de hombros—. Intentá compor­tarte y caerle bien. No es bueno tener a Soriarte de enemigo.

Juez imparcial, pensó Lucio, repasando sus propias palabras. Esa era una de las mentiras menos creíbles que había dicho en su existencia.

Anahí tragó saliva. Por su mente pasó la escena vivida pocas noches atrás con Irina. Se estremeció.

—¿Estás bien? —preguntó Lucio, dándole la espalda a la pelirroja y caminando hacia la silla frente a su escritorio. Se sentó cruzándose de brazos—. Si necesitás algo, avisame y llamo a Olga.

—No —contestó Anahí velozmente, moviendo su brazo derecho en un gesto de negación—. Me acordé de lo que pasó el otro día nomás —hizo una pausa—. Los sunigortes son aterradores.

Lucio asintió con su cabeza. Suspiró y se puso de pie nuevamente. Reco­rrió los estantes colmados de libros, leyendo cada uno de los lo­mos. Buscaba un ejemplar en particular. Sabía que el libro que quería tenía que estar en la sección técnica, entre libros de ciencia e historia.

—Acá está —dijo finalmente, luego de un par de minutos.

—¿Qué?

Lucio le extendió el libro a Anahí. No se trataba de un tomo dema­siado amplio. Era un ejemplar de tapa blanda, bastante moderno. La portada era gris y tenía el título en blanco Manteniendo el control, sobre la fotografía de la máscara de un sunigorte.

—Leelo hoy —ordenó él—. Así no hacés un papelón frente a So­riarte. No hace falta que lo estudies, pero me gustaría que le des una mirada al resumen de su historia, la explicación de sus uniformes y qué es lo que hacen. —Sonrió—. No te preocupés por detalles como quiénes fueron los generales anteriores o en qué zona de la ciudad patrulla cada escuadrón —aclaró.

—Pero pensaba ordenar mis cosas —se quejó Anahí.

—Dejá eso para otro día.


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AMO esta versión del tango, y con este video. Asi que si pueden, les pido que al menos se tomen el tiempo de ver este multimedia <3

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