Capítulo 11.

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    Después de horas encerrada en su cuarto descansando, meditando y haciéndose a la idea de que estaba muy lejos de Polis, en un sitio desconocido para ella hasta entonces y rodeada de gente que la veían como una asesina, decidió salir de allí. Necesitaba tomar el aire, probar a respirar de manera más tranquila en Arkadia, entre su gente, intentando averiguar cómo era sentirse en un sitio hasta entonces, completamente desconocido para ella. 

    Clarke, mientras tanto, había mantenido una pequeña conversación con su madre cerca del bunker de la enfermería, dónde trabajaba. Tras varios minutos perdidos en los que la rubia le había tenido que explicar a su madre lo ocurrido en Polis, ella, por fin le confesó que junto con Kane, Titus y Aden, había acordado llevar a cabo la supuesta muerte de Lexa, haciéndole creer a todo el mundo, que de verdad aquel terrestre había acabado con su vida. No se molestó en explicarle las razones, su madre era una persona inteligente y sabía que su hija entendía porqué lo hizo. Aun así, se disculpó varias veces. Clarke no pudo perdonarla inmediatamente. Ella había sido cómplice de todo aquello, ella, que la había visto llorar noche tras noche, día tras día, semana tras semana, había ayudado a hacerla sufrir. Aunque el rencor había crecido, no era tan grande como el que sentía por Lexa cada vez que recordaba todo ese asunto. En muchas ocasiones le había dejado claro lo que sentía por la Skaikru, pero cuando hacía cosas como esas, fuese o no para salvarle la vida, fuese o no para protegerla, parecía que en realidad, no llegaba a sentir nada por ella.

     Cuando Lexa salió del bunker, los dos guardias que protegían la entrada a este, la detuvieron antes de que pudiese salir al exterior. 

    - ¿Quién te ha dado permiso para salir?- preguntó uno de ellos, echándola hacía atrás. Lexa apretó la mandíbula. Se contuvo las ganas de decirle que ella no necesitaba el permiso de nadie para salir o no de allí, pero por respeto al trato que Kane, Abby, Octavia y Clarke le habían dado, cogió aire por la nariz, llenando sus pulmones y luego, relajó el semblante, comenzando a hablarle de una manera educada a esos dos hombres. 

    - Necesito tomar el aire- contestó con serenidad. Se había soltado el pelo y la brisa que entraba por la puerta del bunker acariciaba su rostro. Era fresco y tranquilizador. Algo que la impulsaba a salir de allí cuánto antes. Había estado demasiado tiempo encerrada entre cuatro paredes y no quería más eso, no en Arkadia, donde podía moverse sin miedo a que nadie la reconociese. 

    - No tenemos permiso para permitirte eso. 

    - Sí que lo tenéis- Una chica morena, con coleta y pelo castaño, se acercó a ellos cojeando. Llevaba una chaqueta roja algo desgastada y tenía un pequeño aparato en la mano. Lexa lo había visto antes. La gente del cielo lo utilizaba para comunicarse entre ellos. - Acabo de hablar con Kane por walkie- le explicó. - Puede salir. 

    Los guardias se miraron de nuevo entre sí, dudando sobre si aquello era o no cierto. Si la Ex Comandante salía del bunker, eso significaba que ellos podían descansar hasta su vuelta, así que, finalmente, aun dubitativos, la dejaron salir. 

     Raven miró a Lexa de arriba a abajo. Vestida como un Skaikru, no daba el pego de líder sin escrúpulos que le pareció cuando ordenó matar a Finn. Por suerte, aquello ya lo había superado. Con el tiempo, entendió que la muerte que le había dado a su ex novio era justa. Él había matado a una aldea entera de terrestres, se había vuelto cruel. La tierra lo había cambiado. Pero aunque se lo mereciese, ella lo quería y no deseaba para nada que le pasase lo que le pasó. Prefería haberlo visto encerrado durante años en un celda que muerto a manos de uno de ellos. 

    - Gracias- le dijo Lexa una vez los dos guardias se habían marchado de allí, dejándolas solas. 

    - Mataste a alguien importante para mí- le dijo sin más, sin dudar, sin vacilar. 

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