»Adira, Adina, Pileith. Traigan una camilla, llevaremos a Ageysha dentro. Hijos por favor encargasen de este desastre.

—Por supuesto padre —responde Armon.

Me quejo cuando me levantan y llevan hacia la casa. Sólo puedo escuchar lo que sucede sin poder ver a dónde me dirigen. El calor es casi que insoportable, todo dentro de mí se siente como un horno. Mis ojos, boca, garganta, incluso el aire que aspiro está caliente.

—Ábrela. —Una llave de agua es abierta y lucho contra el impulso de arrojarme hacia ella—. Traigan hielo —ordena Adif y los pasos de alguien alejándose se escuchan— Aún estás muy caliente. El fuego celestial ha sido derramado sobre ti, Ageysha. Nunca, en toda nuestra historia, algo como esto había sucedido, pero existe una profecía o más bien una promesa divina. El creador prometió que cuando esta guerra fuera demasiado para nosotros, enviaría su fuego celestial al elegido y éste acabaría con la oscuridad de nuestras almas. —Me dejan caer en el agua y suspiro aliviada al sentir el cambio de temperatura en mi cuerpo—. Sólo los ángeles con los elegidos pueden usar ese poder, ya que son luz y energía, no tienen un cuerpo que pueda ser destrozado. Es por ello que sientes que te estás quemando. Tu cuerpo aunque en parte es de ascendencia divina, sigue siendo humano. Pero no te preocupes, Ageysha. Dios no da algo que no podemos soportar. Tu cuerpo va a acostumbrarse a la bendición que te ha sido dada.

—Eso se siente bien —gimo—. Adif no te he prestado atención. ¿Podrías repetir esa creo que valiosa información, cuando no sienta que mi cerebro se está cocinando? —Dos risas masculinas estallan en la habitación. Elijah y Adif están disfrutando de mi diatriba.

—Claro que sí, pequeña. Vamos a cuidar de ti. Elijah ve y apresura el hielo.

—Por supuesto. Ya regreso nena.

—Lo que sea. —Me dejo caer aun más dentro de la tina.

—Estoy tan orgulloso de ti. Nos has salvado, estaré eternamente agradecido.

—¿Dónde están los niños? —Cambio de tema porque dudo que esto haya terminado. Además, sólo quiero que el calor se vaya.

—Pileith los ha llevado a la enfermería, van a estar bien.

—Deben estar muy asustados. Me gustaría estar con ellos.

—No estás en condiciones de hacerlo ahora. Sólo déjame cuidarte y luego podrás verlos.

—Tráelos, les prometí que siempre estaría con ellos.

—Lo haré, pero primero debes salir de aquí.

—En un momento. —Ríe y Elijah llega en ese momento.

—Aquí está. Deja caer la cubeta con hielo en la tina y suspiro aún más a gusto que antes—. Creo que la reina dentro de ti está encantada con esta atención.

—Sigue hablando y la reina dentro de mí ordenará que te corten la cabeza.

Ríen y me doy cuenta que están confiados en que todo ha terminado, pero algo dentro de mí dice que todavía falta demasiado para terminar. Sin embargo, me permito esta comodidad y esta tranquilidad. Estoy demasiado cansada para buscarle la quinta pata al gato en estos momentos.

Dejo de prestar atención a lo que dicen a mi alrededor y me concentro en el sonido del agua cuando cae en la tina y cuando muevo mi cuerpo. Pronto estoy quedándome dormida, los brazos de alguien me levantan del agua, me llevan hacia una cama. Secan mi cuerpo y me despojan de la ropa mojada, no me preocupo por el pudor, estoy demasiado cansada para hacerlo. Unas manos suaves me vuelven a vestir y no sigo la línea de los sucesos después de ahí, pues quedo profundamente dormida.

ALMAS ( Entre El cielo y el Infierno #1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora