CAPITULO 20

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Pensé que me había desmayado, o algo por el estilo. Porque todo está en completa y absoluta oscuridad. Las palabras de mi madre se repiten en mi cabeza una y otra vez, pero se ven interrumpidas por unos gemidos lastimeros. Entonces me doy cuenta de que sí, estoy postrada en el suelo y mis ojos están cerrados, pero soy consciente de todo a mí alrededor.

Adif grita algo, Ariel responde, Adira y Adina lloran y braman, Azael llama a Elijah, quien indica muy cerca de mí que está bien. Trato de abrir mis ojos pero es difícil, intento levantarme, pero también me cuesta hacerlo, todo duele. Gimo y toso, logro mover mi mano, luego mi pierna, pero es tan doloroso y quema.

Quema tanto. Dejo escapar un lloriqueo cuando intento hablar y hay fuego en mi garganta, una mano se posa en mi cabeza y escucho la única que voz que en estos momentos puede consolarme.

—¿Ageysha? Oh, Dios Mío, nena. ¿Qué te pasó?

—Eli... —Toso y vuelvo a gemir. Mis ojos no logran abrirse y empiezo a sentirme desesperada y angustiada. ¿Por qué no puedo abrir mis ojos? ¿Qué sucede conmigo?

—Shhh. Tranquila nena, todo está bien. Lo hiciste, lo lograste Ageysha. —Siento sus labios en mi frente y son como un bálsamo contra el calor que está quemándome—. Eres increíble. ¡Dios, te amo maldita sea!

¡Oh no, no, no, no!

Él no puede hablar en serio

¡No puede amarme! Se lo dije, le advertí que no pienso condenarme a la pérdida de alguien que amo nuevamente.

Tú ya le amas Ageysha... —susurra mi mente.

¡No!

No hay peor ciego que el que no quiere ver.

—Elijah... Jesús duele. ¿Por qué no puedo abrir los ojos?

—Aún estás brillando nena. Resplandeces como una estrella, pero todo está bien.

—¿Sara? ¿Dónde están los caídos?

—Los derrotaste nena. Todos fueron destruidos... fue asombroso.

—Ageysha. ¡Por Miguel Arcángel! Pensé que te había... perdido. —La voz de Adif se rompe en la última palabra y siento mis propias lágrimas derramarse aun cuando tengo mis ojos cerrados.

—Estoy... Adif, duele —bramo.

—Lo sé pequeña, lo sé. Es el fuego celestial que corre en ti. —Sorbe y por el sonido me doy cuenta que está llorando—. Mi pequeña es la elegida. ¡Oh señor! Sabía que eras especial. —Me aprisiona en un abrazo que tiene crujiendo mis huesos. Gimo y me suelta—. Lo siento, cariño. Lo siento.

—Adif... ¿tu ala?

—Estoy bien. Estoy más que bien ahora.

—¿Cómo está? ¿Ageysha estás bien?

—Siento que me quemo, Ariel. No puedo abrir mis ojos, duele.

—Padre llevémosla dentro.

—Ramuel, lleva a los traidores a su celda. A ella déjala en la enfermería y usa los lazos de sometimiento. Vigílenla. Jericó comunícate con las legiones perdidas, ve si necesitan ayuda y cuántas bajas tenemos. Llévate a quienes no estén heridos de gravedad. —Escucho las respuestas de las gárgolas e imagino cómo debe verse todo a mi alrededor—. Vural, lleva el cuerpo de Samayaza... —Nuevamente la voz de Adif se quiebra—. Le brindaremos nuestro respeto.

—Pero su alma descendió.

—Lo sé Vural, pero no fue su elección. Él fue un gran guardián y merece una ceremonia adecuada.

ALMAS ( Entre El cielo y el Infierno #1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora