O5. soberbia.

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Todavía recuerdo como la silueta de Hoseok caminaba delante de mí. Su cuerpo de bailarín careciente de defectos, su cuello largo y su rostro y pelo armoniosos. Entre todas las personas él era siempre el más atractivo. El centro de atención.

Sostenía mi mano con fuerza, como si en el momento que me soltara de su agarre me perdería.

La gente colmaba todo el espacio porque los puestos ambulantes no tenían falta de clientela a tales horas de la noche, pero todos se apartaban del camino al ver a Hoseok. Intuí que se creían inferiores a él, Hoseok odiaba esto por encima de todo. Francamente, cuando no llevaba vestidos pegados al cuerpo y joyas regaladas por él, me sentía como ellos.

Cuando tienes a alguien como él frente a frente dejas de lado tu personalidad, te vuelves un sumiso y solo quieres hacerlo sentir tan bien como su colonia de marca te está haciendo sentir a ti.

Puedo asegurar que la primera impresión que Hoseok daba a las personas era la de chico rico y materialista. Sin embargo, también puedo asegurar que la acusación no era del todo cierta. Es cierto que Hoseok amaba el dinero, pero también amaba a las personas, amaba donar gran parte de su fortuna a causas benéficas y amaba sonreír al primer desconocido con el que cruzara camino.

Era en momentos como aquellos en los que me paraba a razonar la locura de tener un novio como él, cuando comenzaba a sentir un nudo de inseguridades en el pecho. Odiaba que el pensamiento de, "¿soy lo suficiente buena para él?" nublara los cálidos momentos juntos.

—Hobi —inquirí yo, a media voz—. ¿Qué estamos haciendo aquí?

Él se giró un poco para mirarme y sonrió suavemente—: Hoy me gustaría comer un poco de comida callejera.

Le devolví la sonrisa antes de que se girara para seguir caminando. Miraba a su alrededor ansioso. Cuando pareció dar con lo que buscaba apretó mi mano un poco y me arrastró hasta un puesto ambulante.

La mujer joven que atendía el puesto nos miró extrañada, sospeché que sería por nuestro atuendo, pero se puso de pie en cuanto Hoseok abrió la boca.

—El distrito Gangnam no es por aquí —insinuó una señora mayor, detrás de ella. Hoseok chasqueó la lengua, esperando aquel empuje.

—Me gustaría comer un poco de tteokbokki, ¿acaso debo ir hasta allí para hacerlo? —preguntó mi novio, sonriendo afectuosamente a la anciana. Él era consciente de su apariencia y también de su bonita sonrisa, sabía que podía obtener cualquier cosa con ella, incluso cambiar la imbatible primera impresión.

La anciana se vio conmovida por su sonrisa y tono de voz. Sus facciones se relajaron y lo miró como si este fuera parte de su familia. Le dio un empujón a la chica que estaba de pie, frente a mi novio.

—Estarás bien aquí, mi nieta está especializada en tteokbokki.

—Si es así, muero por probarlo —dijo Hoseok, observé como sus labios articulaban las palabras con seguridad. Sus ojos estaban sobre la nieta de la anciana. La chica hermosísima que atendía el puesto.

Apreté la mano de Hoseok cuando vi como las mejillas de ella comenzaban a teñirse de un rojo claro al hacer contacto visual con él. Hoseok apretó el agarre también, dándome a entender que había captado el mensaje, no más miraditas.

—¿Dos platos? —preguntó ella, aun mirándolo con ojos fantasiosos.

—Sí. Solo dos —contesté seca, en lugar de Hoseok. Su voz ingenua me irritaba. La chica asintió, mirándome por primera vez a los ojos.

Se hizo un silencio incómodo que nos obligó a alejarnos hasta que los platos estuvieran listos. Quizá fue porque mi amargura por la situación llegó a tal punto que podía palparse en el aire.

—Preciosa, ¿estás molesta por algo? —me preguntó Hoseok, haciéndose el inocente y acercando su rostro al mío. Mi espalda se apoyaba contra la pared de un edificio viejo, un poco alejado de la calle transitada.

—Cállate —bromeé. Lo empujé y lo atraje jugando con su camisa, sin mirarlo a la cara—. No es culpa tuya, es solo que...

Sentí sus labios contra mi mejilla y paré de hablar. Lo volví a empujar riendo—: Oye, estoy hablando...

—Lo siento, pero te ves tan besable en este momento que creo que me volveré loco. —Rozó con la punta de sus dedos mis labios y me sentí a sus pies. Me miraba y lo hacía de una forma tan única, tan delicada, tan coqueta, tan él. Sentí su respiración volverse más pesada mientras apoyaba su frente contra la mía. Sus manos me apretaban desde la cintura y me pegaban hacia él. Sin besarnos, hundí mis manos en su sedoso pelo y lo vi sonreír dulcemente—. Se me ocurren otras cosas que comer en lugar de ese plato.

Reí. Apoyé mi cabeza contra su hombro, y se sintió suave y cómodo. El perfume que llevaba en el cuello estaba derritiéndome. Mi cintura seguía escondida entre sus brazos.

—Creí que ibas a besarme —dije susurrando contra su mejilla.

—Y yo creí que no te gustaba mostrar afecto en público —contestó él en un susurro ronco que me hizo temblar.

—Creíste bien, pero quería besarte, idiota.

Soltó una pequeña carcajada.

—Vamos a por ese delicioso tteokbokki. Cuando lo termine puedes hacer lo que quieras conmigo.

—Más importante que eso, espero que sea el mejor tteokbokki de mi vida porque me he puesto este vestido para nada —dije ignorando su insinuación y mirando hacia la calle dónde no pasábamos inadvertidos. La gente nos miraba como si la luna nos apuntara con una linterna—. Todos nos están mirando.

—No los culpes, están viendo a la chica más hermosa del mundo.

Mi corazón se volcó. Sentí el calor en mis mejillas cuando una sonrisa débil se apreció sobre mis labios. Hoseok sabía que decir para hacerme sentir bien en los momentos más imprevistos. Lo hacía casualmente, sin pararse a pensarlos. Me hubiera gustado haberle dicho lo feliz que me hacía sentir, pero no lo hice. No se lo dije.

—Hoseok, ¿por qué quisiste comer tteokbokki en la calle hoy? Te conozco lo bastante bien para saber que prefieres un restaurante glamuroso a un puesto callejero. —Hoseok me miró sereno y escondió un mechón de pelo detrás de mi oreja. Él hacia eso cada vez que intentaba buscar las palabras correctas.

—No quiero hacerte sentir fuera de lugar —comenzó inquieto. Tragó saliva y continuó, buscando mis ojos—: Sé que hay momentos en los que te gustaría estar con alguien más humilde, alguien que no te obligue a rodearte de gente soberbia y arrogante, alguien que no se preocupe por una inútil reputación. No puedo ser ese alguien, amor, pero por hoy podemos pasar un momento tranquilo juntos. Sin hacer nada grandioso, solo tú y yo.

Parecía que el corazón se me iba a salir del pecho. Oculté mi rostro en su camisa por culpa de mi sonrojo. Sentí su mano acariciar mi cabello con suavidad. Entonces, en lo único que podía pensar era en lo mucho que lo amaba. Jamás habría desconfiado de él.

Al volver al puesto, la preciosa nieta de la señora ya no estaba. Me sentí como una bruja celosa que llevaba a Hoseok en un pedestal y no consentía que nadie lo mirara. Ridícula.

Si pudiera volver el tiempo atrás, le ofrecería mil disculpas. No solo por haberle hablado de esa forma, sino también porque su tteokbokki era el mejor que había probado en la vida.

La anciana nos detuvo al entregarnos la comida. Nos preguntó sobre nuestros padres, edad y estudios y la conversación se explayó por más de media hora. Hoseok me miraba en busca de ayuda. No quería ser descortés y esperaba a que a mí se me ocurriera una excusa para huir. La situación me estaba divirtiendo. Solo podía sonreír.

Fue en aquel instante cuando escuché su bonita voz por primera vez.

¿Hoseokie?

( ? )

El tteokbokki es un popular aperitivo coreano comprado habitualmente a vendedores callejeros o en pojangmachas.

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