Capítulo 25: "Un gato doméstico en el bosque"

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Ahora la joven caminaba sola por el bosque. Después de despertar por la mañana, le pidio permiso a su mentor para caminar por el bosque sola, con el único requisito de cazar algo para el Clan. Quería despejar un poco su mente de las cosas que estaban pasando en el bosque, como la batalla cntra los misteriosos gatos atigrados.

Cada vez hacia más frío en el bosque. Ya no quedaban flores y un viento helado recorría el bosque. Como Turquesa había nacido al comienzo de la estación de la Hoja Nueva, jamás había visto la nieve en su vida. El Clan del Hielo era conocido como el Clan que más se llenaba de nieve y hielo durante la estación mas helada, por lo que la mayoría de los descendientes de Hielo tenían el pelo largo o semi largo, como el de la Aprendiza gris oscuro, y solían cazar mejor que los demás gatos en la nieve.

Detrás de un helecho de zarzas, sintió unos pasos y un olor muy molesto. Con los pelos de la cola levemente erizados, la gata distinguió el olor. Mininos caseros murmuró Turquesa con una voz casi innaudible. Sin esperar más tiempo, miró y casi se le paraliza el corazón al distinguir un pelaje atigrado gris, pero luego se relajó, no pertenecía al de aquellos gatos, y sin esperar más, saltó detrás del arbusto hacia el gato doméstico.

No cayó encima del gato, pero si muy cerca. Se trataba de un atigrado gris con blanco en el pecho y las zarpas, con un collar de color amarillo claro, pero sin aquella pelotita dorada, y parecía tener casi la misma edad que ella.

-¿Quien eres? -gruño intentando sonar ruda, cuando en realidad estaba un poco asustada.

-Yo-yo soy Ma-ma-manchitas. -tartamudó el desconocido en voz muy baja.

Turquesa tuvo que aguantar un poco la risa, Manchitas era un nombre incluso muy malo para un cachorro.

-¿Que haces en el Clan del Hielo? -dijo Turquesa, ahora mas relajada, pero sin parar de hablar ruda.

-Yo no sabia que este era un lugar de gatos salvajes, debí creerle a Timmy...

-¿Timmy? -dijo la Aprendiza extrañada, jamás habia escuchado esa extraña palabra.

-Es un amigo mio. Pero...Ustedes, los gatos salvajes, ¿Es verdad que comen los huesos de los demás gatos muertos?

Jamás habia escucado un rumor tan falso. ¿Comer huesos? ¡Que clase de gatos comería huesos! Las ideas de los mininos domésticos sobre los gatos salvajes eran muy falsas.

-¿Huesos? ¡No!¡ Nosotros no comemos ningún hueso! -dijo la joven. -Pero respondeme, ¿Por que estas en el bosque?

-Solo quería dar un paseo y alejare un momento de mi casa, ¿Que es el Clan del Hielo?

La Aprendiza tuvo que explicare a Manchitas cada detalle sobre los Clanes del bosque, hablando de la necesidad constante de alimento, las Asambleas, los Líderes, los Curanderos y sobretodo, la vida en el bosque. Cuando termino, Turquesa ya le hablaba a Manchitas como un amigo.

-Perdón, no volveré a meterme en sus territorios, debe ser muy difícil tener que salir todos los días a cazar.

-No siempre es tan dificil, hay días en los que es más facil alimentar a nuestro Clan.

Y asegurandose de que el gato atigrado se fuera del bosque, la joven se dirigió al campamento. Jamás habia pensado que los gatos domésticos podían estar interesados en el bosque, y Manchitas parecía haber disfrutado mucho su relato sobre los gatos de Clan.

Entro al campamento. Tenía las fauces cargadas con dos ardilas, que habia logrado cazar durante su regreso. Habían algunos gatos reunidos cerca de la guarida de Entierrada, y curiosa, la joven fué a mirar. En el camino, Turquesa pensaba que habría pasado.

Haciendose espacio entre los gatos mayores, la Aprendiza logró ver un poco lo que pasaba. Entierrada estaba al lado de la gata rojiza con manchas marrones, quien ahora estaba empezando a parpadear, mostrando unos bonitos ojos verdes como las hojas.

-Por favor, salgan de aqui, ella necesita privacidad. -dijo la vieja Curandera parandose y acerandose a la entrada de su guarida.

Una vez afuera, la gata se preguntó que diria la nueva visitante, y de donde habia venido, ya que su misterioso olor la habia dejado confundida.

Se dirigió a Maternidad, quería darle una de sus ardillas a Cola Colorada, para aprovechar a ver como se encontraba.

Tras pasar el tunel de aulagas, se dirigio al rincon donde estaba el lecho de la reina, mienras el dulce olor de la leche se metía por su nariz. Tras saludar a Flor Tropical, se encontró con la gata blanca. Sus bonitos ojos ámbar estaban ahora opacos y vidriosos, cubiertos de dolor, y mirando hacia la nada. Su pelaje blanco que siempre acostumbraba a llevar completamente limpio estaba ahora sucio y feo, al igual que su cola la que le habia otorgado su nombre, que parecia mucho mas moteada con fango y suciedad. Debajo de su vientre yacían dos gatitos, uno era el atigrado claro de orejas y cola blanca, y el otro negro de patitas y hocico rojo, que ahora ya no estaban de color claro como ayer. No habia ni rastro del cachorro blanco y el pardo que habian logrado sobrevivir.

Turquesa espero que Cola Colorada no se diera cuenta de su preocupación.

-Hola, Cola Colorada. Te traje una ardilla para que comas -dijo dejando la presa cerca de la reina y tratando de sonar amigable.

La reina pareció no haberse dado cuenta de la presencia de Turquesa hasta que ella habló.

-En la mañana otros dos cachorros muerieron, entre mis patas. Perdí cuatro cachorros contando los de ayer. -fue su saludo- ¿Cómo pude dejar que mis cachorros muerieran? -dijo lo último añadiendo un gruñido.

Turquesa no quiso seguir discutiendo con la gata blanca, y tras despedirse con la cabeza, fue a buscar a Flor Plateada.

La gata atigrada se encontraba mirando muy feliz a sus cachorros jugar. Negrilla y Ocasillo jugaban al Líder y al Proscrito, un juego en el que un gatito era el Líder y otro el proscrito, y tenian que pelear, mientras Pequeño Albatro jugaba con las pequeñas hijas de Lirio.

-¡No sobrevivirás, Estrella Negra! -maulló Ocasillo persiguiendo a su hermana- ¡Me quedaré con todo tu Clan!

-¡Estas equivocado, Garra del Ocaso! ¡Yo y mis guerreros derrotaremos a toda tu banda de Proscritos! -dijo Negrilla.

Turquesa sonrió. Ver a los pequeños cachorros jugar le traía una infinidd de hermosos recuerdos de cuando tenía la edad de ellos.

-En poco tiempo serán Aprendices. -maullo Flor Plateada al ver que Turquesa miraba a sus hijos.

-Que bueno, sera divertido tener más compañeros. -dijo la joven Aprendiza.

-¿Trajiste esa ardilla para mi?

-Si, -maulló Turquesa poniendo la ardila en frente de la Reina.

-Muchas gracias -ronroneó la reina.

Pero pronto las interrumpió Negrilla y Ocasillo, quienes apareciero exhaustos.

-Mamá, ¿Puedo probar carne?

Los Gatos Guerreros: La historia de Pequeña TurquesaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora