Capítulo 7.

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   Se tomó unos segundos más hasta poder asimilar el sonido de la voz que escuchó cerca de su oído. Cerró los ojos con fuerza, permitiéndoles que las últimas lágrimas saliesen de ellos y luego, negó con la cabeza. No iba a girarse. No podía hacerlo. No podía arriesgarse a despertar de aquello porque por primera vez en mucho tiempo, se soñaba con la vuelta de Lexa y no con su muerte. No iba a permitir que le arrebatasen ese momento tan rápido. 

    La Ex Comandante medio sonrió después de tantos meses, cerró también los ojos y la abrazó con más fuerza. Deseaba sentir a Clarke de aquella forma desde hacía tanto que apenas podía controlar los escalofríos que sumían su cuerpo en un profundo placer. Aspiró el aroma del pelo de la chica que tenía agarrada contra ella y sintió derretirse al momento. Incluso a ella se le escapó una lágrima, una incontrolable que no había pedido permiso para salir. Pero le daba igual. 

    Clarke seguía negando con la cabeza, negándose por completo a despertar de aquello. El olor de la Ex Comandante estaba empezando a impregnar su olfato y parte de su cuerpo, era tan agradable que parecía real. 

    - Clarke Kom Skaikru...- volvió a susurrar, cuando Lexa pareció entender que la rubia no asimilaba lo que estaba pasando y que quizás pensase que era algo irreal. Algo creado por su imaginación. 

    Volvió a negar con la cabeza. 

    Lexa sonrió, cómo si tuviese a una niña pequeña en sus brazos. Luego, con un poco de fuerza, intentó girarla para por fin contemplar su rostro. Había soñado con ese momento demasiadas veces, con el momento en el que por fin pudiese mirar a Clarke a los ojos con el fin de perderse en ellos, con el fin de encontrar la calma que le había sido robada y dañada. Pero la rubia ejerció firmeza. No quería girarse. Temía despertarse con aquel movimiento. No le hacía falta girarse para comprobar que era Lexa porque cuando abrió los ojos y se fijo en las manos que rodeaban su cintura, lo supo. Era los mismos dedos finos y largos de la Ex Comandante. La misma piel. La misma manera de transmitirle. 

    - No me hagas despertar- le susurró. 

    Lexa sonrió, de nuevo, completamente enternecida. 

    - No lo haré, Clarke- le contestó en un tono de voz suave, de nuevo provocando que las palabras rozasen el oído de la rubia. - te lo prometo. 

    Clarke cogió aire cuando escuchó la promesa de Lexa, porque de hecho, aquella frase le había quitado todo el aliento. No podía fiarse de un sueño, pero sí de la Ex Comandante. Ella siempre cumplía sus promesas y por alguna extraña razón, le permitió que la fuese girando poco a poco. 

    La rubia mantuvo los ojos cerrados una vez había quedado arrodillada frente a Lexa. Sintió como sus manos acariciaban su pelo, luego su mejilla y más tarde su cuello. Contuvo el aliento unos segundos, intentando reprimir los estremecimientos debido a las caricias de la Ex Comandante, debido al contacto físico. Era tan real que comenzaba a pensar que no era un sueño. Pero era imposible. Era imposible que Lexa estuviese ahí. Ella la estaba viendo morir justo antes de que los guardias de Polis y de Arkadia la sacasen de sus aposentos. 

    - Mírame, Clarke- le ordenó con firmeza, con suavidad, acariciando las palabras que habían salido de su boca. 

    Lexa le agarró la cara con las manos, lista para que abriese los ojos, para que reaccionase por fin a lo que estaba pasando, para que volviese a la realidad para enfrentarse a ella. 

    La rubia fue abriendo los ojos, temerosa, con sus manos temblando mientras apretaba un poco más la cintura de Lexa, asegurándose a la vez de que era real. De que podía tocarla, sentirla. Podía sentir su carne, su calidez. Y cuando por fin abrió los ojos, cuando vio a Lexa delante suya, completamente seria y con su mirada llena de brillo y de emoción no pudo contenerse. Los sollozos comenzaron a explotar en su interior y la Ex Comandante, en un rápido movimiento, se sentó en el suelo, abrazando a la rubia contra su pecho, con fuerza, con firmeza, con desesperación. Apoyó la barbilla en la cabeza de ésta y cerró los ojos. 

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