CAPITULO 18

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¡No están! ¡Se los ha llevado! ¿Dónde están?

¿A dónde los ha llevado?

¡Esa mujer se los ha llevado!

¡La mataré! ¡Voy a destruirla!

Brazos me agarran fuerte mientras estoy hiperventilando en medio de mi habitación. Alguien está gritando, Adif y Ariel corren hacia los cuerpos de las dos gárgolas pero ya sé que están muertas, aunque aún no han tomado sus almas. Todo a mi alrededor vibra y siento que estoy ahogándome en estos momentos.

—Ageysha, cálmate. —Azael habla tras de mí y sé que es quien me sostiene. También me doy cuenta, que la persona que está gritando soy yo.

Elijah entra en ese momento, al percatarse también de que los niños no están y que corren peligro se deja caer en sus rodillas. Su piel cambia entre su color humano y el color de su gárgola.

—Ella... se los ha llevado —gimo. Mi cuerpo tiembla conteniendo la ira y la necesidad de destruir a Sara. Mi corazón sangra con la perspectiva de que...

—Ageysha estás fuera de control —brama con dolor Adif intentando levantarse del suelo.

—¡No puedo calmarme! ¡Briza y Almagor no están! —Envío mi energía hacia Azael, intenta seguir sujetándome pero soy más fuerte y logro romper su abrazo.

Vuelo hacia la ventana de mi habitación y la atravieso, escucho que gritan mi nombre, pero ignoro a todos. Necesito encontrarlos, necesito encontrarla. Busco entre los árboles que rodean la casa, diviso a las gárgolas buscando en los alrededores. No les veo. Mi corazón se aprieta y el temor me invade. Imágenes de ambos pequeños lastimados inundan mi cabeza. ¡Maldita sea! Les prometí que los mantendría a salvo. Les dije que estaría siempre con ellos. No puedo permitir que les hagan daño. Son inocentes.

Grito furiosa mientras vuelo más allá de la propiedad, no debe ir muy lejos. Probablemente tomó el camino por las minas abandonadas, es la forma más fácil para dos niños e imperceptible de escapar cuando no quieres que te vean, ya que la entrada y salida están escondidas entre el follaje de árboles desde el cielo. Y desde el suelo una enredadera frondosa las cubre, camuflándolas con el follaje del bosque.

—Voy a entrar por aquí, deberías ir al otro lado y verificar la salida —digo a mi guardián antes de que aterrice. Me ha seguido al igual que Ariel y Jericó.

—Voy con Ageysha, tú ve con Azael, Jericó.

—Entendido.

No espero para comprobar que me ha seguido, entro en la vieja mina. Mi luz y la de Ariel, es tan fuerte que no necesitamos filtrar más energía. En tiempo récord recorremos el lugar, incluso los dos caminos alternos y la bóveda. No están aquí.

—No hay nadie aquí.

—Lo sé, Ariel. ¿Qué otro camino tomó? Esta es la única vía para no ser vista.

Jericó junto a Azael vienen a nuestro encuentro.

—Debemos buscar en el bosque. Es probable que esté aún escondida. La carretera estaba desierta cuando volamos sobre ella, pero hay caminos y atajos. Llama a las gárgolas que se desplieguen en la zona y busquen. El cielo está siendo registrado también.

—Iremos a la ciudad, Ageysha.

—No creo que este ahí, Azael.

—La ciudad es lo suficientemente grande como para poder ocultarse con dos niños y no ser encontrada a... —Tiempo. Antes de que lastime a los niños. Azael hace una mueca cuando se percata de lo que insinúa. Mi piel se eriza, pero no sólo por la idea de que Briza y Almagor estén lastimados. Hay presencia de Cecidit y demonios.

ALMAS ( Entre El cielo y el Infierno #1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora