Capítulo 1

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El principio del problema (1ra parte)


La pareja se movía como si fueran un solo cuerpo. El ser más alto no se apartaba de su acompañante y viceversa. Parecían unas sombras al cobijo de la noche.

Apenas y se veían los árboles y arbustos a su alrededor. La zona carecía de luz en varios sectores y era difícil distinguir la roca del cemento o los ladrillos. Ninguna de esas viviendas tenía cercas que dividieran las propiedades y, aunque pudieron ver un par de construcciones que se les figuraron, eran gallineros, la ausencia de animales domésticos en la zona los puso nerviosos.

El aire golpeó con fuerza sus cuerpos y la figura más pequeña tembló, se pasó una mano a la altura del busto y susurró.

—Hace mucho frío... Tenemos que encontrar un lugar para escondernos y cubrirnos. No podemos dejar que a Madison le dé una enfermedad.

—Lo sé—, dijo la otra voz, mucho más gruesa que la primera. Esta era, sin dudas de un varón—. Creo que ya no nos siguen; supongo que podemos comenzar a buscar un lugar en donde quedarnos.

Asintiendo, la figura pequeña se alejó unos pasos de la grande y dieron inicio a su búsqueda. Cada cierto tiempo, la silueta baja se acomodaba algo sobre su pecho, pero no detenía su andar ni hablaba. El aire se estaba volviendo irrespirable de lo frío que se encontraba. La voz de la figura grande se dejo escuchar.

—Ven. Creo que encontré algo.

Ya juntos, la pareja entró a la casa de un piso y paredes color hueso, que estaba a un lado del camino. Adentro todo estaba igual de oscuro que afuera, pero no por mucho tiempo.

La figura grande se acercó a un hueco en la pared y, tras estirar su mano un cálido fuego les dio la bienvenida. Todo lo que había era una solitaria cama con marco de hierro y una mesa despostillada de los bordes, junto con una silla.

Poco a poco, las siluetas se fueron quitando las capas y telas que los habían estado abrigando. Una Anna un par de años más joven salió de entre toda esa ropa, y dijo.

—Lo conseguimos. Todavía no puedo creer que lo hayamos logrado.

Entre sus manos, un bulto se movía cada cierto tiempo. La joven le dedicó una sonrisa al hombre frente a ella, pero al ver los hombros hundidos y su cabeza cabizbaja se acercó a él; recostó su rostro en el pecho de aquel tipo y aspiró con cuidado. A pesar del olor a humo que emanaba de la ropa, todavía percibía su aroma.

El hombre sonrió a medias y la envolvió entre sus brazos, estrujando con cierta fuerza, aunque no por ello se alejó Anna. Había enterrado el rostro en las ropas y sus hombros temblaban, mientras la voz salía de forma atropellada.

—Todos... ¿Por qué? —, el sujeto acarició su cabeza y permitió que ella se desahogara—. No lo entiendo, ¿Qué les hicimos para que nos atacaran así? Ni siquiera dejaron... Los pequeños.

Anna sollozó con fuerza.

Le llevó unos minutos limpiarse las lagrimas con la tela de que le ofreció su acompañante. Cuando estuvo más calmada, le dedicó una larga mirada al rostro frente a ella. Cabello castaño oscuro revuelto, ojos castaño claro, pómulos fuertes, labios delgados, y una nariz inusualmente perfilada dentro de aquellas facciones tan marcadas.

El sujeto le pasó un dedo por la mejilla. Anna habló.

—Gracias por quedarte conmigo. No tenías que hacerlo y...

El varón le plantó un furioso beso en la frente a Anna, al tiempo que la volvía a abrigar entre sus brazos.

—Nunca te habría dejado sola. No me lo perdonaría, y menos ahora que eres todo lo que me queda—, el susurró en su oído le llegó como una cálida brisa.

—Eso no es cierto. Madison sigue aquí y no vamos a dejar que le pase nada, ¿de acuerdo? —, la joven colocó el bulto sobre la cama, con mucho cuidado.

—Anna, no...

La mencionada se plantó frente al hombre y lo tomó con fuerza del rostro, haciendo que no pudiera voltear mientras le hablaba.

—No me voy a ir, ¿entendiste? Estamos juntos en esto. Lo prometí y no pienso faltar a mi palabra.

El hombre iba a responder a ello, pero un fuerte aullido lo sacó de sus intensiones e hizo temblar a Anna. El ruido estaba subiendo de volumen, y después, nada. Calló con una rapidez que puso a ambos en alerta.

Anna ya iba a tomar a Madison y a cubrirla de nuevo, cuando las fuertes manos del hombre la sujetaron por los hombros y le susurró al oído, con una voz más grave de lo normal.

—Quédate aquí y cuida a Madison. No salgas de la casa hasta que amanezca, y cambia tus ropas y las de la niña —, de inmediato, los ojos de Anna se tornaron opacos, y una solitaria lagrima cayó de ellos. — No me sigas. Actúa con normalidad... Si vuelvo, te prometo que no me volveré a alejar de ti.

Con un frío y cruel beso que supo a dolor, el hombre tomó su capa y salió de la casa. Apenas estaba cerrando la puerta, cuando la voz de Anna le llego, enviándole una punzada tan fuerte como la que estaba sintiendo ella.

—Luke. Te amo.

Anna no quería, pero por más que lo intentó no pudo romper el control que le había impuesto su amado

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Anna no quería, pero por más que lo intentó no pudo romper el control que le había impuesto su amado. Comía. Salía por víveres. Cuidaba de Madison. Pero por más que lo deseara con todas sus fuerzas, no podía ir a buscarlo.

No hasta que, tras días de desvelo e incertidumbre, algo en sus ojos la hizo lagrimear y un pedazo de lo que parecía cristal, salió de ellos.

Fue ahí cuando la golpeó la verdad.

Él ya no estaba en ese ni en ningún otro mundo.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!