Capítulo XVI

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El segundo asesinato

— ¡Algo debe estar mal! ¡Hicimos todo correcto! No comió, no se está resistiendo y...

—Will... Si se resistió. Le dije que no luchara y para el caso que me hizo —interrumpió Serpiente con ese tono suyo que usa cuando explica algo muy obvio; parece que está tratando de hacer entender a alguien muy imbécil cuál es la diferencia de abierto y cerrado.

Normalmente Will toma todo a broma, se ríe y disfruta de la vida. Esa noche estaba desconocido para mí; serio, muy preocupado, impaciente.
—Muy gracioso, lombriz. Pero... ¿Sabes qué? Yo no lo mato de nuevo. Ahí a ver tú como te las arreglas.

— ¡Gallina cobarde! ¡No lo hagas! ¡Que no resulte y ya! Nos quedamos así y cuando nos cargue el demonio, que la Serpiente se busque otros pendejos o que nos deje reventar tranquilos —aquella declaración fue dicha con tal hartazgo, que hasta a mí me dieron ganas de disculparme.

"No, Kawi. ¿Cómo crees? Mira, discúlpame por no morirme o porque mi muerte no logró tus malévolos planes." "¿Qué te parece si lo intentamos otra vez?" "¡A ver, si quieres, yo solito me arrastro al agua!"
...me dieron ganas de decir. Pero como ni hablar podía pues nada. Yo calladito.

— ¡Bueno, bueno! ¡Que sensible me salió Serpiente! ¿Estás en tus días?
— ¡Ya cállate idiota! Mejor voy a hablar con Heeka. Él debe saber que fue lo que nos falló.
—Te dije que Mara tenía que estar con nosotros. Así los cuatro...
— ¡Que no! ¡Terco! Solo las Serpientes.
— ¡Pero ella...! —
Serpiente resopló, con los ojos en blanco. Sacó un teléfono bastante caro de su bolsillo.

No sé... No sé porque pensé que esos dos eran pobres. ¡Ah! ¡Por que dijeron que lo eran! ¿Verdad? ¿O solo saque esas conclusiones? Ni la ropa de Will ni el teléfono de Kawi parecían ser accesibles ni siquiera para mí. Para Josué sí.

Se alejó bastante. Will se quedó junto a mí. Ninguno me desataba ni me preguntaba si estaba bien. Serpiente regresó corriendo muy enojado.
— ¡Estúpido escuincle! —Gritó refiriéndose a mí — ¿Naciste aquí? ¿En este río?
Asentí. Pues era ese rio... Hacia el sur pero ese mismo río.
Serpiente volvió a su llamada. Discutía con alguien. Después volvió a preguntarme.
— ¡A ver...! ¡Me vas a llevar a la casa donde naciste!
— ¿P...por qué? —fue lo primero y único que pude decir, con una voz como de fumador terminal.
— ¡Porque si no me dices la verdad, además de matarte, iré por tu madre...! ¡Y por tu adorado Josué! ¡Y les haré las cosas más espantosas que te puedas imaginar!

Dados los antecedentes decidí crearle.
—Nací en.... Este rio... Al sur...de Martínez de la Torre...

— ¡Hijo de puta! —Will se levantó de la arena donde se había sentado, callado, el mayor tiempo que he visto. Me arrastró por la arena de regreso al auto y me lanzó de nuevo al asiento trasero.

La experiencia era... Hasta cierto punto... ¡Peor! ¡Porque estaba mojado hasta por dentro del culo! ¡Porque en ese momento supe que el par de bastardos malnacidos malditos estaban haciendo un ritual o alguna tontería de esas!
¡Yo era su cordero de sacrificio! Me Iban a inmolar a su dios o a su diablo o a quien fuera a quien oraban.

Es decir... ¡Estaban locos!
¡Fanáticos! ¡Psicópatas! ¡Narco satánicos!

¡Claro! ¡Eso era! Cuando era niño, los narco satánicos eran para mí, el equivalente al Coco o al hombre del costal. Hacían rituales donde torturaban gente. La cocinaban viva, le arrancaban la piel y se comían sus tripas fritas mientras todavía estaban agonizando.

¡Ok! ¡Ok! Estaba exagerando. Ni se bien que hacían. Eran una secta de locos que traficaban drogas ilegales y hacían rituales raros. Torturaban y mataban a sus víctimas.

Mi cerebro maltratado, privado de oxígeno y de azúcar estaba teniendo problemas graves. No fue mi culpa.

Los dos hombres entraron al auto. Serpiente me miró...

¡Es que juro que ese grandote tiene poderes hipnóticos! Su mirada me encandila. Tal y como dice mi madre. Soy como un conejo, miro los faros de sus ojos negros y ya no me muevo.

—Fernando, necesito que me digas exactamente donde naciste.
—Dos kilómetros al sur de Martínez de la Torre —Respondí sin pensar.

Will encendió la camioneta de nuevo.

Viajamos una hora. En Martínez de la Torre tomamos gasolina. Yo creo que eran como las dos de la mañana. Serpiente volvió a usar sus ojos profundos para convencerme de decirles que pequeño camino rural tomar.

No es que tenga poderes de verdad. ¡Es que ese tipo me encanta! ¡Justo tiene todo lo que yo adoro en un hombre!

Su voz. Su mirada sobre mi...me derriten.

Sé que es estúpido sentir agrado por ese hombre después de todo eso, del secuestro y que estaba buscando matarme... pero lo que siempre he dicho; "Mi pene no piensa".

Se estacionaron bajo el abrigo de los árboles. Al salir de la camioneta, reconocí el brazo de rio que me vio nacer. A unos metros había unas casitas blancas que a todas luces estaban abandonadas desde muchos años antes.
Es que ahí siempre se inunda. Cada año crece el río y se lo lleva todo. Supongo que la gente se cansó de pelear con el agua, aunque antes de que yo naciera, dicen... El río nunca se desbordó.

No eran más de una docena de pequeñas casitas.

En una de esas, la partera me persiguió por entre las patas de la mesa mientras yo nadaba en el agua de la crecida.

Nunca me puse realmente a pensar la veracidad de esos hechos. A lo mejor mi madre solo lo inventó para hacerme sentir especial.

Porque yo no tenía nada de especial.

Mientras los dos me llevaban, Will sosteniendo mis pies y Serpiente cargando mis hombros, entraban despacio al rio, que en ese punto no tiene más de un metro cuarenta de profundidad. Unos cien metros al norte sí. Es un rio profundo y traicionero.

¡Ah pero como iba diciendo...! Mientras se preparaban para sumergirme, me sentí tan poca cosa que ya no luché.
Llorando, cerré los ojos.
¡Quería que terminará ya y aunque sabía lo espantoso que iba a ser, al menos ya no seguiría sufriendo!

Los cabrones me sumergieron empujando mi cuerpo hacia abajo.

Dije que no iba a luchar... ¡Pero es imposible! El cuerpo no está hecho para dejarse matar así, suavecito.
¡No señor! ¡La vida hay que arrancarla! ¡O desgastarla!
Cuando uno tiene una buena vida... Como yo la tenía.

Mis fuerzas estaban mermadas por el sufrimiento, el miedo, la privación y la lucha anterior... ¡Ah! ¡Pero como les di pelea!

¡Por supuesto! ¡Todo fue inútil!

¡Y como tardé en ahogarme! ¡Sentí la misma desesperación! ¡El mismo terror que antes! El dolor en la nariz. Y los pulmones ¡Después los colores!

¡No! ¡Qué cosa más horrible!

¡Y entonces...!

Ba ' Wa¡Lee esta historia GRATIS!