Capítulo 16: Trabajos complicados.

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Un empujón lo sacó de nuevo a la realidad, el dolor cuando su espalda chocó contra aquella columna del patio trasero del instituto. Ni siquiera hizo el amago de quejarse, todo le daba igual pero entonces vio aquellos ojos orgullosos y prepotentes de su compañero de equipo, del mismo Aomine Daiki y se sorprendió que estuviera allí, que hubiera abandonado el pabellón por él.

- ¿Qué estás haciendo, Akashi? – preguntó Aomine con un toque de nostalgia en su voz.

- No quiero jugar al baloncesto – comentó Akashi – voy a dejarlo.

- No puedes hacerme esto, entré al equipo por ti, para ganarte, para superarte, no puedes abandonar ahora sin más. Lamento lo que te ha ocurrido pero no voy a permitir que tires la toalla.

- Ya no me importa este deporte.

- Es mentira, es el deporte que tu madre amaba, es el deporte que tú amas. Juega de nuevo, mejora para demostrármelo a mí. Tu madre no querría que abandonases algo que te hace feliz, esto es lo único que te hace feliz.

- No sabes nada de mí, Aomine.

- Sé lo suficiente. Sé que tu vida es una parodia, que tu padre controla todo lo que haces, que no puedes elegir nada por ti mismo, que eres una marioneta sin más de la gran influencia y expectativas que tienen sobre el apellido Akashi pero te equivocas... sí puedes elegir, puedes elegir abandonar o puedes elegir seguir haciendo algo que adoras. Tienes opciones, Akashi.

- No soporto el dolor – dijo Akashi tratando de no llorar.

- Entonces compártelo conmigo, yo seré tu paño de lágrimas – le dijo de forma romántica antes de que le robase el primer beso de su vida, antes de sentir aquel aliento a menta, aquella lengua juguetona buscando la suya y no pudo hacer otra cosa que dejar derramar las lágrimas que no pudo en el entierro, dejar que Aomine tratase de llevarse parte de su dolor.

Fin del flashback

Akashi tocó sus labios con dos dedos recordando aquel primer beso. Aomine jamás había sido nada romántico, al menos eso decía la gente. Todos comentaban que era egocéntrico y prepotente pero se equivocaban, era un auténtico amigo que siempre estaba en los momentos difíciles, que se arriesgaba por la gente y que demostraba ser tierno y dulce con la gente a la que amaba. Aquel día, Akashi entendió todo lo que Aomine se había guardado durante meses, aquel sentimiento cuando le robó el beso.

- ¿Qué ha pasado con ese chico, Aomine? – Se preguntó derramando una lágrima que resbaló por su mejilla izquierda – Sólo dos veces he llorado y dos veces estabas allí para besarme y llevarte mi dolor. Te necesito, Aomine, te necesito a mi lado – susurró dejando que las lágrimas salieran de nuevo con más fuerza que antes.

Akashi intentó limpiarse las lágrimas con la manga de su camiseta y cogió el teléfono para llamar a su entrenador aquí en Japón. Iba a sacar a Aomine de ese antro de mala muerte, le alejaría de ese jefe y le conseguiría un trabajo nuevo, era lo único que podía hacer ahora mismo por él.

Su entrenador respondió y mantuvieron una larga charla sobre las ventajas, desventajas y los favores que iban a deberse por darle un trabajo a Aomine de ayudante del entrenador. Finalmente, el entrenador le comentó que por la mañana le diría algo tras intentar convencerle Akashi de que Aomine era uno de los mejores jugadores y estrategas que había tenido el placer de conocer. Ahora sólo le quedaba esperar al día siguiente para saber si realmente les interesaría contar con él para poder ir a ofrecerle el puesto a Aomine.

Tras agradecerle por el favor y pedirle disculpas por la hora a la que le había llamado, colgó el teléfono y decidió irse a la cama. Intentaría dormir aunque sabía que iba a ser prácticamente imposible conseguirlo, sólo esperaba que no repercutiese demasiado en el entrenamiento. Se metió en la cama en cuanto se puso una camiseta y un pantalón cómodo y cerró los ojos tratando de conciliar el sueño.

Baloncesto callejero (Kuroko no Basuke, AkaAo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora