Capítulo 3: El hada

 

 

Shannon y Katy se acercaron a los dos jóvenes;Katy, ilusionada y Shannon, asqueada.

-Cambia esa cara grosera –le reprendió Katy adelantando a su amiga para ir junto Byron- Hola, Byron.

El llamado Byron alzó la cabeza para mirar a Katy, pero inmediatamente sus ojos se posaros sobre Shannon. Le sonrió divertido y se quedó quieto, apoyado en la pared observando el rostro pálido de la recién llegada.

-¿Qué pasa? –le preguntó en ese momento- ¿Acaso tengo monos en la cara?

Byron rió entre dientes y las dos amigas distinguieron una perfecta fila de dientes blancos y alineados. El joven que estaba a su lado también alzó la cabeza al oír aquello y abrió mucho los ojos cuando reconoció a Shannon.

La comisura del labio se le torció hacia arriba componiendo una media sonrisa encantadora.

-No necesitas tener monos en la cara para serlo –replicó Esteban ladeando la cabeza- ¿O no te lo han dicho nunca?

-¿A ti no te han dicho nunca que ahorres las gracias? –le contestó Shannon mordaz.

-Sí, todos los días, pero como comprenderás no les hago ni caso.

Katy se había colocado en la misma posición que Byron, pegada a él. Shannon contuvo las náuseas. ¿En serio iba a estar tonteando con Byron y dejándola a ella sola con un engreído prepotente al que repugna?

Byron captó la mirada envenenada de Shannon y la miró sonriendo. Uno de los cabellos de Byron le cayó sobre el rostro y Katy intentó contener las ganas de metérselo detrás de la oreja. Shannon no pensó lo mismo.

-¿Vamos a entrar o a quedarnos aquí toda la noche? –preguntó en ese momento.

-Vamos –replicó Esteban abriendo la puerta y sujetándola para dejar paso a todos.

El bar por dentro era mucho más grande que aparentaba por fuera. Grande y luminoso. Del techo colgaban diversos focos de colores que iluminaban la estancia entera moviéndose de un lado a otro.

En la barra, una mujer de cabello rubio con mechas azules colocaba cóceteles y botellas llenas de alcochol sobre esta. El cabello se le alborotaba cada vez que se giraba disfrutando de la música y atrayendo a los allí presentes, sobre todo a los chicos.

Al fondo de la sala, una pequeña pista de baile con una bola de discoteca y un Dj con el típico aparato de música de todas las fiestas.

Byron, Katy y Esteban comenzaron a caminar hacia la barra.

Katy no cesaba de intentar entablar conversación con Byron, pero este hacía caso omiso de la chica. Shannon se sentó lo más apartada posible de ellos y pidió un simple vaso de agua con gas.

-¿No quieres otra cosa? ¿Un Vodka, un chupito, un zumo? –insistió la mujer de la barra frustrada.

-No, solo agua –contestó Shannon sencillamente.

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