Capítulo XIV

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Secuestro

Un movimiento brusco del auto me despertó. Por la poca luz que aún quedaba, calculé que eran las siete, tal vez un poco más.
—¡Bruto! ¿Viste eso? Creo que era un puerco espín o un armadillo —susurró alarmado William, que iba conduciendo.
—¡Vas a despertarlo si sigues conduciendo como idiota! —dijo Serpiente entre dientes.
—¿Querías que matara al pobre armadillito? —susurró William indignado—. ¿Es que no tienes sentimientos?
—Los tengo —dijo Serpiente, categórico—. Ahora haz el favor de cerrar esa inmensa cavidad que tienes por boca y conduce.
Somnoliento observé la carretera. Alcancé a vislumbrar de pasada un gran letrero que decía Atlacomulco. No conozco de memoria el mapa de carreteras, pero sí sé que Atlacomulco no está antes de Morelia sino después. De hecho también sabía con certeza que Morelia estaba al menos dos horas atrás. "¿Por qué no me habrán despertado?"
Después de unos momentos en silencio, Will habló de nuevo en voz muy baja, así que me quedé quieto, con los ojos cerrados, esperando obtener más información.
—No deberíamos pasar por la capital —dijo Will—. Mira, podemos tomar carretera hacia arriba,  por Tepeji del Río y ya de ahí hacia Santa Martha Acatitla. Después para llegar a Chalco no nos tomaría ni cincuenta minutos.
Como por las nueve y media estaríamos llegamos a Amecameca y ya entonces tomamos esta misma en la que vamos ahora. Nos lleva hasta allá. Es un desvió pequeño.
—Tendríamos que ser más veloces —respondió Serpiente con voz pensativa—, no va a dormir todo el rato.
— ¡Es que si nos metemos a la ciudad, nos va tocar la hora de más tránsito! Además, ¡cómo está aquello! Todo lleno de cámaras en cada esquina. ¿Qué hacemos si se nos escapa?

Fue en ese momento en que me asusté. Todo lo vivido me cobró factura, comencé a temblar. Creo que incluso sentí que iba a tener un ataque de pánico; mi corazón latía como si quisiera salir corriendo, muy agitado. Esos dos tipos no tenían intención de dejarme ir.
En circunstancias distintas, con la mente más en calma, quizás podría haber desconfiado.

¡Lógico que esos dos no tuvieran buenas intenciones!
¿Quién hace algo gratis?

Ellos se habían desvivido por ayudarme a salir de una situación terrible y yo estaba tan desesperado por ayuda que me aferré con todas mis fuerzas a la única puerta de salida que había.
Está bien, lo acepto. Fui muy ingenuo. Pensé "Siempre hay gente buena en el mundo", "Dios me cuida" "Dios me mando dos ángeles a salvarme."

¡Bastardos!

Si acaso sospeché un poco fue porque ellos hacían demasiado por mí y yo ni dinero tenía. Fue cuando Heeka me pidió como favor que, cuando el auto estuviera reparado, me llevara a esos dos conmigo hasta Guadalajara.

"William es más pobre que un perro y si tú no te lo llevas, se va a quedar aquí. Y se comerá toda mi comida". Eso me calmó. Pensé que no me estaban ayudando por nada, querían algo de mí, que los llevara. Mientras iba aterrado en el asiento de atrás, me di cuenta de lo idiota que fui.

¿Qué estarían buscando de mí? Violarme no. Serpiente ni me miraba de ese modo y Will estaba casi seguro, era heterosexual. Dinero quizás. Yo no era rico pero Josué sí. Quizás querrían pedir rescate. Pero si eso fuera, ¿para qué invertir tanto dinero en las reparaciones de la camioneta?
En esos momentos aterradores en los que uno se siente en peligro real, pasan por la cabeza toda clase de cosas. Incluso jugué con la idea de abrir la puerta y lanzarme a la carretera, pero además de que íbamos muy rápido, no estaba seguro de que el auto no tuviera seguros para niños. No queriendo alertarlos, me moví muy despacio, pero Serpiente se dio cuenta de inmediato.
—¡Mierda! ¡Ya lo despertaste pendejo! ¡Todo por manejar como un animal!
— ¡Ni que tú manejaras como princesa, mamón!
Supongo que fue mi mirada llena de terror lo que hizo que se dieran cuenta de que yo ahora sabía sus intenciones. Will me miró por el retrovisor.
— ¡Diablos Serpiente! ¡Mira! ¡Lo asustaste! —Will pasó del carril de alta velocidad buscando dónde hacer un alto—. ¿Y ahora qué hacemos?
—Detente —dijo Serpiente tan seco como siempre.

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