Una decepción

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"Querida Granger,

De verdad me gustaría que supieras quién soy en este momento para poder estar junto a tí.

Atentamente,
Espero que no me odies."

Una lágrima cayó sobre el pergamino mientras Hermione observaba a Lavender besar agresivamente a Ron en la sala común de Gryffindor. Todos daban vítores pero su corazón latía demasiado fuerte, tanto que tapaba sus oídos. Corrió a su habitación sin mirar atrás y se dejó caer de espaldas sobre su cama.

De alguna manera se sentía como fría traición. De otra manera se sentía como una estupidez. Ella sabía que enamorarse era una mala idea y lo había hecho de todas formas. Sollozaba despacio contra su almohada temiendo que alguien la encontrara, aunque era algo muy improbable.

Sintió el pequeño pergamino aplastado en su mano y volvió a abrirlo y leerlo una y otra vez. Las lágrimas caían de sus ojos como cascadas y su pecho subía y bajaba rápidamente con su respiración acelerada.

Pensó en Cormac McLaggen y le pareció lo más coherente del mundo que fuera él quién enviaba esas notas molestas pero halagadoras a la vez. Además de él, no había otro chico que pareciera mostrar interés en ella.

Pero sus pensamientos dieron un giro inesperado y se encontró de nuevo en la pequeña oficina de Flitwick observando embobada a Draco Malfoy. La castaña dejó que sus pensamientos volaran mientras estrujaba el papelito.

Él era notablemente más atractivo que Ron, es decir, la forma en la que su cabello caía de una forma improvisadamente desprolija sobre su frente, el brillo y la suavidad que mostraba a la legua eran imposibles de ignorar. Ni hablar de sus ojos, esos ojos increíblemente atrapantes que con una sóla mirada podían hacer que cayeras de rodillas. Su rostro en general, de razgos afilados, poseía una elegancia tan grande, que con solo mirarlo lo imaginabas parado en el altar. Su sonrisa era tan brillante y jovial que contagiaba sin ser intencionada, pensaba la castaña mientras giraba en su cama. Ni hablar de su cuerpo, al que por cierto jamás había visto personalmente pero no era fácil de ignorar los comentarios de las amigas de Lavender y Parvati.

Y frunció el ceño. Se estaba preocupando. En ese momento la balanza de los pros y los contras de Draco Malfoy se desnivelaba demasiado. Los pros de ese rubio arrogante no podían sobrepasar a los contras, de ninguna manera, porque entonces significaría que él era un buen candidato, que no lo era.

La castaña se reconfortó a sí misma diciendo que había un sólo contra que pesaba mas que todos los pros juntos. Y eso era que ella lo odiaba a él y él la odiaba a ella. Punto final. Estiró el pergamino lo más que pudo y pasó los dedos con suavidad por la tinta, y por el relieve en dónde había caído su lágrima.

-A mi también me gustaría saber quien eres. - Suspiró.

Querida Granger - Dramione¡Lee esta historia GRATIS!