Diecisieteavo Capítulo

12.5K 647 13

"Agua"



La luz se filtraba a través de las casi desnudas copas de los árboles. A Kass le costó un esfuerzo sobre humano abrir los ojos, sentía como si su párpados estuviesen cosidos entre sí. Tardó un instante en recordar donde se encontraba. Sus ojos se abrieron de golpe, apretó las palmas de sus manos con fuerza contra los costados de su cabeza. Abrumada por los recuerdos que se precipitaron sobre ella. Las emociones que la embargaban eran tan intensas y distintas entre sí que no sabía cuál de ellas predominaba. Las palabras dichas por Yomi y las imágenes mostradas por la pequeña ilusionista se mezclaban y sobreponían. Hasta que dos imágenes coincidieron. Dos pares de ojos. Solo que unos pertenecían a un niño mugriento y los otros a un joven de cabello alborotado.

De pronto todo perdió sentido. El tiempo. El odio. Todo en el interior de Kass pareció adormecerse, congelarse. Ella bajó los brazos y al hacerlo contempló la herida que adornaba su antebrazo derecho, una delgada línea, cubierta de una capa de sangre seca. Era todo lo que había quedado de la noche anterior. Kass sujetó entre sus manos la tela desgarrada y mal trecha de su pantalón, dio un tirón y la desgarró hasta la altura del muslo. Enredó la tela alrededor de su antebrazo improvisando un vendaje. Miró al cielo, de color azul lechoso, de manera inexpresiva, mientras el sol seguía ascendiendo perezosamente por el cielo.

Se puso de pie, aún tambaleante por la pérdida de sangre y comenzó avanzar a tropezones por el bosque, sin rumbo fijo. Cuando lo escuchó.

— ¡Kass!

Ella se detuvo en seco, era su nombre, la estaban buscando. Siguió el sonido, mientras el sol lo bañaba todo de un tono nacarado. Lentamente el terreno se fue transformando en uno mucho menos agreste, los árboles se volvieron mustios y la capa de hojarasca en el suelo se vivió menos espesa. De pronto emergió de la espesura, había aparecido en el extremo izquierdo de la casa. Sus ojos se dilataron, su boca cayó abierta, frente a ella se encontraban los restos de lo que alguna vez había sido la sala de altos ventanales que era el gimnasio, parecía que una bomba había estallado en aquel lugar. Dos de las paredes habían desaparecido por completo y una gruesa capa de cristales rotos tapizaba la yerba amarillenta, la tercera permanecía arrojando una densa humareda.

Ella alcanzó a ver a Sam mientras esta levantaba un escudo, en tanto Peyton y Rory intentaban acercarse para controlar el incendio, su atención fue robada por Rory.

Recorrió su perfil, se fijó en sus hombros caídos, como oprimidos por una gran tristeza, en la gruesas ojeras que enmarcaban sus ojos, en los que brillaba una sigilosa advertencia.

Pero su atención se desvió una vez más a la destrucción. Salió del bosque ensimismada, sobrecogida por lo ocurrido. Volvió a escuchar su nombre, pero ya no como un grito desesperado, esta vez era un murmullo sorprendido que impregnó el prado. Kass estaba consciente de que debía de parecer una demente al salir del bosque con aquella apariencia, pero poco le importaba.

De pronto alguien la sujetó por del brazo izquierdo y tiró de ella, se sorprendió al encontrase fuertemente rodeada por un par de brazos.

— Estaba tan preocupado.

Rubor se instaló en sus mejillas, cuando el rostro de Eliot quedó al descubierto. Ella estaba petrificada, su cuerpo no sabía cómo reaccionar. Él miró su rostro arañado y cubierto de tierra, y sin previo aviso se inclinó hacia ella y la besó.

Un beso. Delante de todas aquellas personas a las que le había negado que seguía teniendo contacto con él. La multitud ahogó un jadeo, las manos de Kass se aferraron a la playera de Eliot, queriendo recordar el sabor y el tacto del chico, embriagase de aquella sensación que la embargaba y que sucumbía lentamente ante otra emoción. Sus manos se cerraron en puños apresando la playera, sus ojos se abrieron de golpe horrorizada por lo que estaba haciendo. Repentinamente Kass lanzó a Eliot lejos de ella, él chico trastabilló hacia atrás con el rostro surcado por la sorpresa. Ella se pasó el dorso de la mano con furia sobre los labios amoratados por la noche que había pasado en el exterior y el muro en su cabeza, el que la había mantenido alejada de Eliot, creció hasta volverse impenetrable.

DemonsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora