Deciseisavo Capítulo

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"Espía"




Kass volvió al gimnasio después de vagar por toda la planta baja de la casa buscando a Alexa. Su último comentario la había dejado preocupada. La niña había desaparecido sin dejar rastro después de ayudarla. El reloj en la pared marcaba más de media noche. Comenzó a moverse por la habitación, tratando de no provocar una llamarada con cada movimiento. Forzó su cuerpo hasta que la rodilla le suplicó un descanso. Las palabras de Alexa se repetían en su cabeza. Era cierto que ella tenía una reacción exagerada cada vez que escuchaba el nombre de su madre, pero no podía evitar pensar que en esta ocasión era diferente. Pensó en el brazalete que llevaba meses enterrado en el fondo del cajón de su cómoda desde que llegó a Dreamers, ¿Y si era el mismo que había pertenecido a la hermana de Alexa?, ¿Y si su madre había sido igual a ella?, una retorcida esperanza se instaló en su pecho. Un anhelo de tener algo más de su madre con ella en ese momento.

Ella comenzó a recoger sus cosas cuando el reloj marcaba la una y treinta, cada vez que daba un paso la rodilla soltaba punzadas de dolor. Kass agradeció mentalmente a Eliot por el vendaje. Los dedos de le chica se deslizaron por sus labios. Ella sacudió la cabeza con furia, no comprendía cómo podía estar pensando en él en un momento como ese. Se preguntaba en qué momento él chico se había colado en sus pensamientos y se había apoderado de ellos. Kass miró lo ventanales, tenía que encontrar la manera de deshacer el embrollo en el que se había metido. Se concentró en las oscuras siluetas perfiladas a la luz de la luna, tratando de llevar sus pensamientos en otra dirección.

De repente algo se movió del otro lado de la ventana. Kass pensó que se trataba de un árbol mecido por el viento, hasta que se acercó. La figura poco a poco tomo sentido para ella, su corazón se aceleró y ella lo maldijo por eso. Eliot acababa de salir de la casa, solo él podía pensar que salir a mitad de la noche a dar un paseo era buena idea. Kass intentó ignorarlo pero sus ojos parecían estar demasiado entretenidos siguiendo cada uno de sus movimientos. De pronto la chica fue consciente de a donde se dirigía. Al bosque.

La mente de Kass viajó un par de días hacia atrás, cuando había acorralado al chico en ese mismo lugar. En aquella ocasión le había preguntado que hacia ahí, pero él le había dejado claro que no era su problema. En aquel instante sin embargo la chica no podía resistirse a descubrir que hacia él tan tarde en el bosque. Ella recogió sus cosas y corrió a toda velocidad a través del pasillo, hasta al alcanzar el recibidor. Una vez ahí miró por la ventana. Eliot estaba a punto de alcanzar el lindero del bosque. Se mordió el labio con fuerza. "No es asunto tuyo" se dijo a sí misma, pero la curiosidad la carcomía por dentro. Consumiéndola lentamente como el fuego que albergaba en su interior. Kass vio a Eliot entrar en el bosque y antes de saber lo que hacía, tiro su bolso al suelo al suelo y atravesó la puerta a toda velocidad, adentrándose en la noche.

Eliot se hundió en la penumbra del bosque. Ella dudó un momento en el último escalón del pórtico, pero su curiosidad pudo más que su sentido común. Llegó a trote hasta el lindero del bosque, miro hacia el interior. Estaba oscuro como boca de lobo, la poca luz que se filtraba por las ramas casi desnudas de las copas de los árboles le daba un toque tenebroso. Kass respiró profundo, tratando desesperadamente de encontrar una razón para no seguir adelante. Encontró varias ideas bastante atinadas que  le llenaron la cabeza.

Pero la vocecita molesta en el fondo de su mente le gritaba que siguiera adelante, que tenía que ver aquello y ella le hizo caso. Kass se internó en el bosque. Los pasos del chico resonaban delante de ella, si no se apresuraba a alcanzarlo se perdería en el interior del tétrico lugar. Los árboles comenzaban a perder sus hojas las ramas desnudas proyectaban sombras fantasmales sobre el suelo.

Sus pies se enredaban entre las raíces y se hundían en las zanjas ocultas por las hojas secas, cosa que le dificultaba el avance. Eliot estaba cada vez más lejos. Ella avanzó a tropezones, a pesar del dolor de su rodilla herida, se obligó a seguir adelante. De repente pudo verlo, Eliot estaba parado delante, dándole la espalda. La chica se acercó con sigilo. Extendió su mano derecha. Él se hallaba parado al borde de un claro cubierto de hojarasca, los arboles de aquella zona era inmensos, mucho más altos que los arboles petrificados que adornaban el patio tercero de su casa en Clearwater. La luz de la luna funcionaba como un inmenso reflector, bañando con su luz plateada cada centímetro del claro y un viento helado recorría el camino. La mano de Kass casi había alcanzado el brazo del chico cuando los arbustos desnudos del otro lado del claro se movieron. La chica se agachó detrás de un arbusto de vallas con hojas amarillentas y se alegró de que su ropa deportiva fuera negra. 

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