Parte 3

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Caigo profundamente dormida casi de inmediato, mi teléfono suena unas pocas horas después, siento que no he dormido nada, número desconocido nuevamente, sé que los únicos que llaman anónimamente son los de la revista, me suspendo de la cama y aclaro mi garganta para no sonar adormilada.

—Buenos días —digo al descolgar.

—¿Alexandra Carlin? —Pregunta una voz de varón, ese es el tal David, estoy segura.

—Sí, ella habla —froto mis ojos, necesito dormir más.

—Genial, necesitamos que estés aquí en 30 minutos el señor Anderson decidió adelantar su vuelo, nos acaban de avisar que está por llegar, no te conviene en tu primer día no estar presente.

¡Oh Por Dios! miro el reloj y observo que faltan 40 minutos para las 6 a.m. ¿Es enserio?

—Ok, ahí estaré —contesto, me levanto de un salto, mi cabeza da mil vueltas, corro hasta el baño y me ducho en menos de cinco minutos.

Me hubiese arreglado mejor pero no tengo tiempo, me pongo un pantalón negro casi similar al del día de la entrevista y unas plataformas que encontré a la vista, busco entre todo el desorden de mi armario, tengo que encontrar algo formal, como siempre, todas las cosas se niegan a aparecer cuando más las necesitas.

Corro hasta la habitación de Natalie quién está sobre la cama en una posición bastante incómoda con la cabeza colgada, alguien va a tener un tremendo dolor de cuello luego, lo primero que encuentro es una blusa blanca con vuelos medievales, pero muy mírame todo para mi gusto, mi sostén se vería completo, y como que para conocer al anciano de tu jefe, mejor no. Por gracia u obra maestra de un ser supremo encuentro una blusa blanca de tiritas que funcionaría perfecto en el interior ¡estoy lista! Faltan 10 minutos y me peino en el ascensor, me importa una caca de Misifús que todos se me queden viendo, quise ir por un café pero vi que no quedaba tiempo, llego justamente 3 minutos antes de la hora indicada.

Entro y todo mundo corre de lado a lado, ¿Qué es esto? ¿Un simulacro en caso de terremotos? Camino sin dirección ¿A dónde se supone que iré? ¿Dónde está el tal David? Llego a una sala que parece la cafetería, cuando estoy a punto de verter un poco de café dentro de una pequeña taza, el hombre rubio que me entrevistó la toma y la pone de regreso en la mesa. Me dá unos papeles que parecen ser las reglas de la empresa

—Son cosas que debe memorizar, porfavor sígame para que conozca al señor Anderson.

Salgo de aquella sala y mis piernas flaquean al ver todos aquellos papeles, son como 500 páginas, me quedo parada a la par del hombre rubio mirando con desconcierto el montón de palabras y siento que mi cabeza da mil vueltas, levanto la mirada y observo a todos los empleados con los nervios a flor de piel, debe ser el típico anciano gruñón, –ahh lo que me espera– dirijo de nuevo mi vista a los papeles, por suerte traje mis lentes, miro el reloj y son las 6 en punto.

—Ahí esta —exclama, mueve su cabeza en señal de saludo, sigo viendo los jodidos papeles ¿Está aquí también entre las reglas "no respirar"?

—Wow si que es puntual —digo, aún sin levantar la mirada ¿Para qué putas tantas reglas?

—Más de lo que se imagina, señorita —¡Ah! ¡Genial! Y a mí que no me gusta madrugar.

Alguien se para frente a nosotros y su aroma alerta mis fosas nasales, que buen gusto tiene este anciano en fragancias, despego mi vista de los papeles y lo primero que veo son sus zapatillas, finas y relucientes, podría usarlas como espejo para poner mi labial. Saluda a David de una apretón de manos y escucho su voz, no suena a un anciano, inmediatamente subo la mirada a su rostro.

Esposa de mi jefe © PRÓXIMAMENTE EN LIBRERÍAS.¡Lee esta historia GRATIS!