CAPITULO 14

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Después del baño, y de lavarme el cabello con cuidado y por supuesto de sostenerme hasta que cada sollozo en mi cuerpo cesó. Elijah me llevó hasta la cama y nuevamente me ayudó a vestirme. En ningún momento miró mi cuerpo de manera lasciva. Por el contrario, estuvo gruñendo y frunciendo el ceño a cada moratón y rasguño en el. Luego de arroparme como una niña, fue hasta la cocina y me trajo un batido de chocolate, lo cual me hizo llorar otra vez. Al parecer mis sentimientos están a flor de piel. Secó nuevamente mis lágrimas y luego me acompañó hasta que estuve demasiado casada y me quedé dormida.

Abro mis ojos y sé sin ver el reloj que es cerca del mediodía, lo que quiere decir que he dormido unas tres horas

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Abro mis ojos y sé sin ver el reloj que es cerca del mediodía, lo que quiere decir que he dormido unas tres horas. Pero ha sido el tiempo suficiente para que mi cuerpo sane. Sólo una pequeña mancha amarilla es perceptible en mi piel. Arrojo la cobija a un lado y me levanto hacia el baño. Mi rostro que hace unas horas se encontraba lleno de moretones, está perfecto ahora.

—¿Cómo estás? —Me vuelvo hacia la pequeña y triste voz de Adira.

—Bien. —Cepillo mis dientes intentando no mirar sus ojos rojos y el hecho de que aún está en su pijama a las once de la mañana—. Todo está bien, Adira.

—No. No lo está. —Adina en el mismo o peor estado que su hermana, irrumpe en mi baño—. ¿En que estabas pensando al ir a enfrentar tú sola a solo Dios sabe cuántos demonios?

—¿Estoy aquí, no? Y en una sola pieza.

—Pero no lo estabas esta mañana. ¿Por qué lo haces? ¿Por qué te arriesgas de esa manera? —Sus preciosos ojos verdes se humedecen—. Ni Adira ni yo hemos podido dormir en toda la noche pensando en lo que podría pasarte. Incluso estuvimos a punto de salir a buscarte si no fuera porque Ariel nos descubrió.

—¿Qué hicieron qué? ¿En qué carajos pensaban ustedes? Es demasiado peligroso, no tenían que ir a buscarme. ¿Qué les pasa?

—¡Estábamos preocupadas por ti! —grita mi otra hermana sobresaltándome—. Aún lo estamos —susurra y deja que sus lágrimas caigan por sus rosadas mejillas—. No queremos perderte, Ageysha. No nos abandones.

—Yo no las voy a abandonar chicas, pero simplemente no puedo quedarme de brazos cruzados viendo como los oscuros destruyen a la humanidad y también a nosotros.

—Papá ya está a cargo de eso. Déjale a él decidir por los demás, es nuestro líder, él sabe qué es lo mejor.

—Tú no entiendes, Adina.

—Sí, si lo entendemos, Ageysha. Adira y yo sabemos que deseas vengar la muerte de tus padres. Tienes esta loca idea de que puedes destruir a todo los demonios y así habrás honrado su memoria.

—No es así...

—Por supuesto que lo es —continúa. Se acerca a mi nivel y con sus ojos rojos sigue enfrentándome—. Ellos están muertos. Idos. Ascendieron y ahora están en mejores lugares disfrutando de la presencia de Dios. En cambio, tú estás aquí en la tierra castigándote a ti misma, exponiéndote, arrojándote como carnada a los caídos. Logrando que tu familia, la que sí está viva, se preocupe por ti. —Suspira y frota su rostro—. Te amamos, Ageysha. Eres nuestra hermana y queremos que estés siempre en nuestras vidas. Pero, ¿qué haces tú? Arrojas a un lado lo que sentimos por ti y sales como si fueras el mismo Miguel Arcángel a luchar contra todo demonio, oscuro, caído o Cecidit que encuentras. Ninguna herida los traerá de vuelta, ninguna muerte lo hará...

ALMAS ( Entre El cielo y el Infierno #1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora